Estado fallido

¡Bravo, Miley!

Debo admitir que, a pesar de todos sus desatinos, siempre me ha caído bien Miley Cyrus. Lo que comenzó como una clara rebeldía anti Disney y un intento demasiado público por decirle al mundo “ya crecí”, ahora se ha vuelto un divertido fenómeno mediático que, aunque no lo crean, incluye algunas muy buenas canciones.

Ahora, lo que la cantante de “Wrecking Ball” hizo al publicar el teléfono del senador Tom Cotton en su Twitter es dar un paso más allá de la rebeldía. ¿Quién es este hombre? Uno de los grandes apoyos para lo que llaman la ley de “libertad religiosa” en Estados Unidos y propulsor de que negocios en estados como Indiana y Arkansas pueda negarle servicio a personas de la comunidad gay y, en general, de la diversidad sexual.

La cosa es que este compadre dijo que los miembros de este grupo de ciudadanos “debería tener perspectiva” y para acabarla de fregar agregó “en Irán te cuelgan por ser gay”. Aunque en términos prácticos el acto de Miley seguramente no logró mucho más que hacer que este político cambiara de número telefónico, la realidad es que el tema sí la colocó en medio de una discusión profundamente importante no solo en Estados Unidos sino en el mundo entero. Es un tema muy sencillo de libertades y derechos de los diversos grupos. También puede ser un gran tema de mercadotecnia, pero el hecho es que millones de personas se enteraron del asunto gracias al tuit de Miley, y eso es lo que se llama poder.

Notas de venganza

¿De verdad queremos los medios de comunicación seguir siendo la herramienta para que la gente se desquite de sus antiguas parejas? Estos días es demasiado fácil que ocurra y la última en vivirlo es la modelo (y representante honoraria de la comunidad gay en el PRI) Sabrina Sabrok. A través de un programa latino en Estados Unidos se dio a conocer una grabación privada en la que ella está diciendo cosas profundamente despectivas respecto a los mexicanos. ¿De verdad necesitamos de eso para entender que todo el concepto mediático de Sabrina es un reflejo de nuestras perversiones personales? (Y no hablo de sexualidad, ¿eh?)

La cosa es que ya es demasiado fácil. La fama, buena o mala, ya es una herramienta que trasciende de la vida privada al acontecer público. Y, francamente, por más deleznables que sean los comentarios de la mujer (y si se confirma que es ella, claro que lo son), ¿cuántos de nosotros saldríamos limpios del escrutinio público si nuestros pleitos personales se publicaran en los medios? Muchos dicen que es el precio de la fama. Yo digo que no existe fama que lo valga.

¿En serio?

¿Rápido y furioso 7 recaudó en EU y Canadá 143.6 millones de dólares su primera semana? Whaaaaat?

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