Estado fallido

Bowie, los Globos y Kate

Apenas trataba de recuperarme del impacto de la noticia (aún en desarrollo) sobre la entrevista que Sean Penn le hizo a El Chapo Guzmán, facilitada por Kate del Castillo, y ya era hora de vestirme para ir a los eventos alrededor de los Globos de Oro. No crean que es fácil llegar a estas fiestas. La prensa extranjera de Hollywood tiene muy bien cuidado su changarro y uno tiene que saber por dónde. HBO me hizo el favor de invitarme a su evento y ahí empezó la noche.

Primero que nada el hotel Beverly Hilton es una fortaleza, antes y después de la ceremonia, donde realmente solo están los nominados, sus invitados más cercanos, los grandes ejecutivos, uno que otro manager y, por supuesto, los votantes que son miembros del selecto grupo que elige. También hay mucho alcohol, por cierto. Está la prensa extranjera que vive en Hollywood y que ha sido inducida al selecto grupo que hace prácticamente lo que quiere. En gran parte por esta ceremonia.

Nosotros no. Llegamos a una locación semilejana al hotel donde nos formaron para subirnos a camiones medianos en los que iba el talento de las películas, las series y los invitados extraños por igual. Yo iba feliz con una de mis comadres de las nuevas temporadas de Grey's Anatomy, cuyo nombre se me escapa. Fue difícil, pero después de lo que parecía la más larga de las líneas de Disneylandia llegamos. Era la hora de la repartidera.

En el mismo hotel se estaban llevando a cabo varias fiestas. Y según tu invitación es a la que podías entrar. Los grandes productores, la NBC que transmitió el evento aquí, las grandes cadenas. Cada una en un lugar distinto. Fuimos dirigidos a la nuestra. Lo primero que vimos fue a Rob Lowe. Nada mal. Larry David (creador de Seinfeld) estaba platique y platique. Y con todos nos quejábamos por igual de que la ceremonia fue censurada en la transmisión por la NBC. No pudimos escuchar a Ricky Gervais preguntarle a Mel Gibson qué son sugar tits (pechos de azúcar, o como él actor le dijo alguna vez a una policía) o a Amy Schumer casi decir "cunt", probablemente la palabra menos televisiva del idioma inglés.

Gael de seguro estaba en la fiesta de Amazon. Estábamos a pasos, pero sin acceso. González Iñárritu podía brincar de fiesta en fiesta si así lo quería. Apañamos la mesa del buen Oscar Isaac (Star Wars), quien ganó esa noche por su serie. Sin problema. Todos cooperando. Y entonces llegó la noticia. "David Bowie ha muerto".

"¿¡Qué carajos!?", grité con elegancia frente a mis anfitriones y salí corriendo a ver si todavía alcanzábamos la primera plana del periódico con la noticia. Y luego salí corriendo como poseída a hablar seriamente con el dj. Estaba enterándose. La noticia corría como pólvora por las fiestas y de pronto todo se volvió un homenaje para el gran camaleón. Pasamos de un espantoso reguetón a "Lets Dance", "Under Pressure" y media hora más de música del maestro. ¿Qué mejor manera de celebrarlo? ¿De despedirlo? Qué cantidad de sensaciones tan encontradas y dramáticas. Qué pérdida. ¿Qué carajos estaba pasando?

En fin. Así empezó 2016. Ya estoy emocionalmente drenada. Pero espero que lista para lo que venga. Porque créanme, señores, éste es el año en el que la fuente del espectáculo marca la pauta en todas las demás. ¿O me equivoco, Kate?

@SusanaMoscatel