Estado fallido

Boicot al Oscar

La esposa de Will Smith, Jada Pinkett (al igual que Spike Lee y George Clooney), es solo parte de la comunidad de afroamericanos que ya hicieron escuchar su voz diciendo que no es posible que dos años seguidos no haya un solo nominado que comparta su color de piel durante la octogésima octava entrega de los premios de la Academia. Dice que no vayan. Que no irán. Muchos se le unen, ofreciendo disculpas a la presidenta de la Academia, Cheryl Boone Isaacs (quien también es afroamericana) a uno de los productores del show y a varios miembros de la comunidad que son parte de la producción y, por supuesto, a Chris Rock, el anfitrión quien... ¡caray!, también es afroamericano.

De buenas a primeras suena como un berrinche, ¿no? Las categorías de actuación, particularmente las masculinas, están extraordinariamente peleadas. Will Smith hizo un buen trabajo con Concussion, por ejemplo. Pero nada comparable con Leo en El renacido. ¿E Idris Elba en Bestias sin nación de Netflix? Me hubiera encantado verlo reconocido. Esta brutal. Pero yo aún hubiese votado por la actuación de Bryan Cranston en Trumbo (que ya nos llegue, por favor).

¿Así que tenemos un problema de racismo en el Oscar? No. Creo que el problema lo presentó perfectamente la maravillosa Viola Davis cuando ganó su Emmy por How to get Away with Murder. "Para ganar estos premios deben existir estos roles. Si no, no hay manera para las 'mujeres de color' en esta industria". ¿En otras palabras? La tele lo está haciendo mejor que el cine. Y el problema es de Hollywood, no del Oscar en sí.

Pero eso, sin duda, nos hace pensar mucho. ¿De verdad quisieran estos actores una cuota o un porcentaje asegurado en las nominaciones? Fuese el grupo que fuese, no es la primera vez que pasa en Estados Unidos. Por muchos años el sistema de educación sufrió por un programa llamado No Child Left Behind, que daba oportunidad a chicos de clases menos privilegiadas a entrar a los mejores programas, y dejaba a fuera a otros. Los que se quedaban, independientemente de su origen, género o raza, no eran necesariamente los mejores. Sigue siendo tema de controversia, pero ahora está reflejado en la historia del cine, que sin la menor duda tiene sus capítulos terribles en cuanto a las decisiones sobre lo que los ejecutivos creen que la gente quiere ver.

Straight Outta Compton, por ejemplo, me pareció una gran película. Y la vi en un cine con muchas personas afroamericanas que vaya que expresaban su emoción, hasta de maneras contagiosas. Yo acabé gritando con ellos de la emoción. ¿La industria no trabaja para ellos? Pues qué industria más distraída de donde está su verdadero y fiel público. Lo mismo pasó por años con las mujeres, de quienes decían que no podían ser las protagonistas. Que eso nunca sería éxito, sobre todo en comedia. Evidentemente se equivocaban.

Por último, espero realmente que no haya un boicot al Oscar. Pero entiendo el sentimiento. Ahora, tal vez las voces disidentes deberían juntarse con personajes como Cuarón, Del Toro, García Bernal, Iñárritu y tantos más y preguntarles qué están haciendo bien. Porque les aseguro una cosa: la Academia tampoco tenía el específico plan de honrar mexicanos ya cuatro años al hilo. (Ni Hollywood de tratarlos como la realeza que son ahí) Y lo que falta.

¿En serio?

¿La Academia piensa que el problema es simplemente la composición de sus miembros y no la composición de los ejecutivos que deciden qué películas se hacen en Hollywood? ¿No ha visto que en la televisión ya no existe ese problema?


susana.moscatel@milenio.com