Estado fallido

¡Auxilio, todo regresa!

Hay que tener cuidado con lo que uno desea. Y vaya que este año a los freaks de la cultura pop se nos está cumpliendo mucho de lo que habíamos soñado. Empezando, por supuesto, por el Episodio 7 de la Guerra de las Galaxias. Por supuesto que sabemos que el nivel de producción será brutal (Es J.J. Abrams al final del día), pero también somos muchos los que nos preguntamos: “¿No hay cosas que son fantásticas también por el momento en el que llegaron a nuestras vidas y al mundo?”.

No pretendo juzgar nada sobre la continuación de esta saga. Solo sobre nuestras expectativas personales de lo que nos puede hacer sentir a estas alturas. Digo, por esos tiempos lejanos yo veía Flash Gordon con Sam Jones y pensaba que era la cosa más extraordinaria que la humanidad podría haber inventado. Hoy, tal vez, la vería en un maratón con cintas como Sharknado (soy muy fan, ¿eh?) y quizá mi consentida El show de terror de Rocky. Por cierto, esta última también la quieren volver a hacer. ¿Están locos? Damn it, Janet! ¿Qué no saben que hay cosas espectacularmente buenas por lo malas que eran? ¿¡Y que eso nunca, nunca, nunca se debe ni puede tratar de reproducir!?

Luego viene mi mero mole, Mundo jurásico. No puedo evitarlo, sigo emocionada a más no poder. Sigo convencida que seré transportada a la mucho más joven versión de mí misma que era en 1993. Pero lo cierto es que ya vimos demasiado para ser impactados por la pura tecnología. La historia es encantadora, pero en ese entonces el ADN era una gran novedad para una narrativa masiva de ciencia ficción. Hoy, es el argumento central de cualquier capítulo de la Ley y el orden, o incluso el consejo que cualquier comadre le da a la otra cuando el desobligado del papá no quiere reconocer al “niño”. Tal vez es hora de aceptar que es el mismo concepto para las nuevas generaciones, lamer nuestras heridas y comer las palomitas que igual vamos a acabar comiendo entre tiranosaurios y velociraptors.

Y seguimos. Vuelve Terminator. ¿Ustedes todavía le temen al Apocalipsis nuclear? En 1984 habían rusos y gringos cargando maquinas en portafolios con botones rojos y claves que acabarían con la humanidad. Y las computadoras eran extraños entes que empezábamos a conocer. Si en realidad hubiéramos sabido lo que iba a pasar, Skynet sería juego de niños. El Apocalipsis no es nuclear, es cerebral y nos lo están provocando nuestros teléfonos inteligentes. Y Arnold, híjole, pues ahí sigue y la verdad es que es una masa humana fascinante. Supongo que ya no temo al Apocalipsis como entonces, aunque si vemos la situación mundial hoy en día, fríamente, nos daríamos cuenta de que hay más razón para temer una muerta masiva fulminante. Aunque por el otro lado, Terminator ya fue gobernador, así que evidentemente somos mutantes y podemos con todo.

Y por último (aunque hay varias más) Netflix nos traerá esa ilustre serie que nos regaló a las gemelas Olsen, Full House (Tres por tres) y, caray, ya hay controversia al respecto. ¿DJ es viuda? ¿Qué esperanza queda en el mundo?

Lo bueno es que la televisión mexicana no nos ha provocado estos problemas nunca. Porque en la mayoría de los casos siguen haciendo los mismos programas que se hacían en 1972, 1984, 1996 y en 2001. La chica pobre que enamora al patrón nunca nos va a faltar. Nunca nos provocará nostalgia su ausencia, forzando un gigantesco regreso. Simplemente es un modo de vida televisiva.

¿En serio?

¿Molestar a Anahí realmente hace sentir “luchadores sociales” a tantas personas? 

susana.moscatel@milenio.com

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