Estado fallido

Artistas ante el terror

El arte y el entretenimiento siempre tienen una misión en trágicos sucesos, como los que se viven en el mundo ahora, y muchos de sus representantes están conscientes de su labor en este momento. Esta guerra, la del terrorismo, aunque es más que ideológica es, sin duda, una que requiere de aliento y solidaridad por parte de las figuras que usualmente solo se dedican a entretener, y hay cosas muy específicas que podemos citar respecto a los últimos días.

No es fenómeno meramente mexicano, pero sin duda cualquiera que decida expresar de manera pública su dolor y temor por lo ocurrido con los atentados terroristas en París tendrá que aguantar una ráfaga de comentarios, en ocasiones muy agresivos, de: "¿Por qué no estás hablando de Ayotzinapa? ¿De nuestras propias tragedias?". Algunos hemos sentido la necesidad de explicar que la compasión no es excluyente y que ésta es nuestra tragedia también. Y eso nos enoja. Y ahí esta parte del problema: el terrorismo a eso se dedica, a dividir, a sembrar odio, a generar —como lo dice su nombre— terror. En todos lados. Y no es algo que esté lejos de nosotros.

Hay muchos actos de solidaridad que podría citar aquí. Y muchos más que vendrán en camino, pero debo decir que uno de los más cercanos y conmovedores para mí fueron las palabras, promulgadas a través de las redes sociales, de Guillermo del Toro, quien tiene una claridad y visión digna de ser compartida.

El cineasta escribió sobre la necesidad de compasión por aquellos que serán las siguientes víctimas de todo esto: particularmente de los refugiados e inmigrantes inocentes que tendrán que pagar el costo de todo esto. Y, por supuesto, desde el primer momento, en solidaridad con las víctimas de los atentados, y con una idea muy clara narra la historia que cambió su vida: el secuestro de su padre.

Nos cuenta cómo a su familia le ofrecieron opciones muy violentas de lidiar con los criminales (a cambio de dinero, por supuesto). Narra el rotundo "no" de su familia. Cómo, después de 72 días de infierno, su padre regresó a casa. Y de cómo después se enteraron, por unas fotos, de que quizás alguien más sí había pagado (en otro caso similar). Que los secuestradores habían vivido las consecuencias no a través de la ley, sino de los golpes y probablemente la muerte en manos de quién sabe quién. El punto es que Guillermo del Toro lo dijo bien: "En tiempos como este, cuando la violencia genera más violencia, pienso en ese día y rezo por sabiduría y fuerza". Cerró la idea declarando que se mantenía en vigilia hasta saber de todos los suyos en París.

Muchos estamos con Guillermo. Nuestra primera labor es tratar de entender. Y tratar de que las ganas de retribución no nos hagan equivocarnos. No culpar inocentes. No enojarnos entre nosotros. Eso no quiere decir que no hay que ir con toda la fuerza de la ley y del mundo contra los asesinos (eso ya lo digo yo), pero responder explosiva e instantáneamente solo puede hacer, y disculpen el lugar común, que los terroristas ganen.

Si se trata de "terror" me quedo solo con el de la pantalla que nos regala la genialidad de un Guillermo del Toro.

@SusanaMoscatel