Estado fallido

Amor moderno

La gente que realmente sabe cómo conducirse en el amor ha tenido que aprender muchas técnicas modernas para lograr proceder con la más mínima paz y dignidad. Los más inteligentes saben que NUNCA hay que tener a su pareja en Facebook. Olviden las estadísticas y los incautos que terminan taggeados en la foto de la otra sin querer queriendo y evidentemente sin darse cuenta a tiempo de que los cache (y guarde la evidencia) su pareja. Hablemos de los fieles, de las relaciones sanas. De las honestas. ¿De verdad es posible mantener un ápice de cordura cuando ves a una espectacular mujer insinuarle cualquier cosa a tu pareja? Generalmente lo que suena como una propuesta indecorosa suele tener que ver con “¿a quién le toca llevar los Gansitos a la oficina?”, pero el ruido comienza. No. Las parejas sanas no tienen a sus medias mitades en Facebook. A sus madres tampoco, pero esa es otra historia. La semana pasada, nada más, como parte de los festejos del décimo aniversario de Facebook y la irresistible opción de subir la película de tu vida en la red, le costó el noviazgo a dos que yo conozco (“¿No que no te habías ido a la playa con ella, desgraciado?”).

En este Día del Amor y la Amistad celebremos la neurosis colectiva y creciente que ahora el WhatsApp nos permite alimentar cada vez que nos asomamos y nos damos cuenta de que no nos han escrito un mensajito de amor. ¿Saben qué muere más rápido que la esperanza? Esas dos palomitas que te dicen que ya llegó tu mensaje y que no te han respondido. Los más diestros saben consultar los numeritos en la parte superior de la pantalla. “Activo hace 13 minutos”. “¿Activo que qué? ¿Con quién?”. Y así empieza la miseria de los inseguros en su día (oh, sí. Ese es el verdadero sentido del 14 de febrero). Los más fogueados o quizá maleados saben cómo quitar ese reloj. Y entonces las comunicaciones se vuelven como en aquellos tiempos, donde los mensajes de amor llegaban por correo a través de mar. Nunca sabías cuándo, pero mientras no supiéramos lo contrario, la esperanza no moría.

Sí, celebrar un 14 de febrero estos días es una de las mejores cosas que le pasan a la industria del entretenimiento. Hay tanto que consumir y esto es tan directamente proporcional con el chantaje y las ganas de asegurar al ser amado, que los empresarios no dejan de inventar cosas. Globos horribles llenos de helio barato que cuestan la mitad de la quincena ya son lo de menos. “¿Qué vas a hacer para demostrarme que me quieres?” parece ser el implícito reto en tiempos como estos. (Mínimo un Apple Tv, goeeeeey).

Así que aquí una buena sugerencia de la cita perfecta para que, ya de una vez, nos dejemos de tonterías. Primero, hagan todo un ritual de separar la vida virtual de la real. En un profundo acto de amor hagan el clásico unfriend de Facebook en pareja y quiten el reloj en su sistema de mensajes instantáneos. Sé lo que estoy pidiendo. No tiene que ser irreversible. Inténtenlo unas cuantas horas y mientras tanto vayan a ver la película Ella, de Spike Jonze. El día que su pareja sienta que la puedes dejar por el sistema operativo de tu computadora quizás comience a… eh, ponerse las pilas (recargables) en tiempos de neurosis.

¿Se sienten un poco más románticos ahora? Yo tampoco, pero por lo menos me siento ligeramente menos presionada que si tuviera que comerme un montón de chocolates solo porque en los tiempos del imperio romano un mártir fue ejecutado por llevar a cabo bodas prohibidas entre cristianos. Bueno, eso creo yo. ¡Tengan un muy feliz día!  

susana.moscatel@milenio.com