La caja de pandora

El oficio más viejo...

Paseo Tollocan, la vialidad Alfredo del Mazo y la Adolfo López Mateos hoy tienen algo en común, además de los hoyos y baches, los tugurios que antes alumbraban con sus focos de colores el camino a la perdición se encuentran clausurados.

Estas importantes vías en las que estaban los principales tabledance o sitios "especialmente" para hombres, solamente asoman cortinas cerradas, focos apagados, grafiti y mantas que hablan de la inconformidad de quienes perdieron sus trabajos.

Siempre hay dos caras de la moneda y este es un claro ejemplo; muchos se han quejado que les quitaron su modus vivendi argumentando que no son delincuentes, mientras otros tantos aseguran que es un gran remedio para un enorme mal, que el haber cerrado los bares y centros nocturnos en los que, entre otras cosas se ofrecía sexo, es una buena medida para combatir la trata de personas.

Sin escoger águila o sol, comento algo que pasó en la semana: eran más de las 10 de la noche, la música a todo volumen, el estruendo que salía del tercer piso de un edificio de departamentos, las risas y los caballeros que entraban y salían impidieron una vez más que las familias que habitan desde hace varios años pudieran dormir.

"Las cosas han cambiado mucho", me platicó una amiga que vive con sus hijos y su esposo, "desde que llegaron las del 3 C, ya no hay paz en este lugar, a todas horas entran y salen personas que ni conocemos, la verdad es que ya no queremos vivir aquí. Por los niños sobre todo, pero no tenemos a donde ir y además ni siquiera hemos terminado de pagar el crédito del departamento, así que no podemos irnos, ya hablamos con los vecinos, han venido patrullas pero la cosa sigue igual"

Mujeres y hombres que trabajan en bares y centros nocturnos, denunciaron que desde que fueron cerrados decenas de esos establecimientos por autoridades estatales para tratar de evitar que se presente el delito de trata de personas, se incrementó la prostitución y la venta de alcohol de manera clandestina.

Son muchas las denuncias y quejas que ha recibido la Procuraduría del Colono y la del Estado de México por situaciones como la antes descrita.

La gran pregunta es: ¿en verdad se puede acabar con los giros negros? ¿No será mejor regularlos y mantener controlados, censados y vigilados tanto a los dueños como a los que laboran en esos lugares? ¿Quién o quiénes planearon tan excelso plan para acabar con la trata de personas habrán considerado que ahora en vez de que las y los involucrados lo hagan en un sitio abierto al público ahora sea de forma clandestina en casas o departamentos?

La solución a una problemática tan fuerte debe de pasar por el escrutinio de expertos; ha de llevar un tiempo para sanear lo más posible la forma de llevar a cabo el oficio más antiguo del mundo.

Indignante, inhumano, irascible, la trata de personas afecta tremendamente a la sociedad, no hay palabras para describir algo tan malo.