La caja de pandora

¿Buenas intenciones?

Hoy las autoridades municipales, estatales y federales, parece, están trabajando de manera coordinada y se refleja en muchos eventos.

Ahora se ve que hasta el Congreso federal y estatal trabajan juntos para aprobar reformas y leyes secundarias.

Supuestamente todo lo anterior parece que es un gran avance si tanto los que crean las leyes como los tres niveles de gobierno, tienen las mismas intenciones o comparten instrucciones. Si es así, las cosas deben de mejorar tanto para los mexiquenses como para los mexicanos.

Hay varios indicadores de que los temas, tanto de seguridad e impartición de justicia como económicos, pretenden sacar a México del marasmo en el que se encuentra; sin embargo, hay otros que parecen más discurso político que propuestas viables.

Cuando se trata del campo, ahora sí se habla de ordenamiento territorial, las autoridades lo traducen como respeto a las diferentes vocaciones que tiene la tierra, ya sea de uso urbano, rural, comercial o industrial por mencionar algunos.

Desgraciadamente, las cosas no son tan fáciles y menos tan viables como las plantean; para muestra; podemos revisar que desde la época de Salinas de Gortari pretendieron dar un giro y recomponer el rumbo en esta materia.

A partir de 1993 el ejido tiene la posibilidad de ser propiedad y no solo posesión, como era antes. Pero los juicios agrarios son realmente largos y, por lo tanto, costosos, por lo cual muchos de ellos los tienen archivados desde hace décadas.

Ahora plantean la posibilidad de que los tribunales y procuraduría agrarias tengan la peculiaridad de ser itinerantes; interesante y apta decisión, porque siempre será más fácil resolver un problema en el lugar de los hechos.

Si esto va en serio, como parece ser, estamos hablando de una verdadera ayuda al campesino.

La cuestión aquí es que se pretende hacer creer al mexicano en general que en nuestro campo, como productor de granos, está la solución a muchos males, sin revisar los estudios que existen al respecto

Únicamente 12 por ciento de la superficie de nuestro país es apta para la vocación agrícola. En cambio nada dicen de que más de 56 por ciento sirve para el cultivo de bosque; tampoco mencionan que en nuestros litorales, que están abandonados, países como Japón sí han encontrado la solución para el hambre.

Otra vez le apuestan al discurso mediático, no más tierras parcelarias para construir vivienda, ya no darán autorizaciones de conjuntos urbanos, esas frases hechas, son quimeras, primero porque existen enormes intereses económicos y segundo porque, en dado caso que lo cumplieran, orillarían nuevamente a la irregularidad y al crecimiento desordenado a los ciudadanos que por derecho constitucional pueden y deben tener una vivienda digna.

¿Por qué razón no le apuestan a lo que verdaderamente ayudaría al campesino?, ¿por qué no destinan recursos para siembra y explotación de bosque?