¿Julián Castro, el Obama de origen mexicano?

Con la decisión de traerse a su gabinete como nuevo secretario de Vivienda al alcalde de la ciudad texana de San Antonio, Julián Castro, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hace una apuesta considerada ampliamente segura.

Y es que la maniobra, que se rumoreaba desde hace semanas, pero que hasta este viernes no fue confirmada por la Casa Blanca, tiene muchas ventajas potenciales —incluida una eventual candidatura a la Vicepresidencia en 2016 como compañero de fórmula de Hillary Clinton— y relativamente pocos riesgos.

Castro, nieto de una inmigrante mexicana, es considerado desde hace tiempo la “estrella ascendente” del Partido Demócrata, dentro del cual se le ha llegado a llamar, demostrativamente, el “Obama mexicano” o el “Obama latino”.

Pese a su juventud —en septiembre cumplirá 40 años— ya tiene amplia experiencia política: es de hecho el alcalde más joven de una gran urbe estadunidense, puesto que ocupa desde 2009. El propio Obama se encargó de hacerle dar el salto a la escena nacional cuando, en 2012, lo eligió para que pronunciara el discurso central de la Convención Demócrata en la que él mismo fue confirmado como candidato para la reelección a la Casa Blanca, que consiguió poco después.

Al traérselo ahora a Washington, Obama le proporciona una ocasión única no solo de conocer a fondo —y desde dentro— la forma en que funciona la Casa Blanca, también le permitirá, con la tranquilidad que proporciona un sillón ministerial no expuesto a la primera línea de batalla, tomarle el pulso a la capital de las conspiraciones y batallas políticas. Algo para lo que además puede contar con la ayuda de su hermano gemelo, Joaquín, quien desde hace dos años tiene un lugar en el Capitolio como congresista por Texas.

Las posibles implicaciones de esta maniobra no son modestas.

Desde que empezó a rumorearse su nombramiento, numerosos observadores y medios dan por hecho que la meta final de Obama es colocar a Julián Castro en la carrera por la Vicepresidencia en 2016.

Algo más que lógico en vista del creciente peso del voto hispano a la hora de decidir quién ocupará la Casa Blanca. De hecho, el propio Obama ha reconocido públicamente que le debe su reelección en buena parte al voto hispano, que lo apoyó masivamente en 2012.

Aunque insiste en callar, pocos dudan de que el gran as demócrata de cara a la carrera presidencial de 2016 será Hillary Clinton.

Pero su gran baza, la de aspirar a convertirse en la primera mujer que ocupa la Presidencia estadunidense, podría verse frustrada, como ya le sucedió en 2008 cuando Obama le arrebató la candidatura y acabó siendo el primer mandatario afroamericano del país, si la oposición republicana eleva la apuesta y propone colocar al “primer hispano” en la Casa Blanca.

Y no hay que olvidar que el Partido Republicano ya cuenta con estrellas latinas “presidenciables”, como el senador por Florida Marco Rubio, que ya ha dejado claro su interés en la carrera por la Casa Blanca, o el texano Ted Cruz.

Aunque su español deje mucho que desear, un nombre como Julián Castro en el ticket demócrata sería el mejor contrapeso, consideran muchos. Y no solo viene con sello latino, el joven alcalde es además un “sureño” de pura cepa —nacido y crecido en Texas—, una zona que tradicionalmente se le ha resistido a los demócratas.

Sin llegar a confirmar las especulaciones, la Casa Blanca dejó claro este fin de semana que espera mucho de Julián Castro, al afirmar que su trayectoria personal y política “le hace merecer el título de estrella ascendente que está lista para un papel nacional”.

Con todo, algunos alertan de que es aún demasiado temprano para hacer tanto cálculo presidencial.

Se confirmen o no las especulaciones, a corto plazo como mínimo a Obama no le viene nada mal agregar un nombre hispano —y con Julián Castro van ya tres— a su gabinete, sobre todo en momentos en que el electorado latino anda más que irritado con la falta de avances en política migratoria.

Aunque ello, irónicamente, suponga hacer entrar en el corazón político del poder estadunidense a alguien de apellido históricamente tan denostado en Estados Unidos como es el de Castro.