Revisando Cannes

'Julieta' (Pedro Almodóvar)

Una de las más grandes expectativas era el regreso a Cannes del director español Pedro Almodóvar. En ésta su quinta participación en el festival y después de su no tan exitosa cinta anterior Los amantes pasajeros, era obvio que el reto de convencer fuera mayor. El resultado fue un aplauso cálido en la función de prensa y una gran satisfacción en la mente de su servidor.

La historia es sobre Julieta y las dos líneas para contarla son el pasado (1985) y el presente (2015). Estas líneas del tiempo le dan la perfecta estructura y pretexto a Almodóvar para recordar como era su personaje, pero a nosotros cómo público también el repasar su forma de filmar en aquella época y después viajar al presente donde lo encontramos como hasta ahora, mucho más refinado y mesurado.

Arrancamos en el presente donde Julieta está por irse a vivir a Portugal con su novio. En la calle se topa con Bea, una amiga de la infancia de su hija Aitana, quien le dice que se ha cruzado con ella, que tiene tres hijos y que está feliz. Ese encuentro es el detonador para que Julieta trastorne radicalmente su vida, decida no irse a vivir a otro lado, se cambie de departamento y comience a escribir una especie de carta, diario o texto confesión a su hija Antía a la que no ha visto por más de 12 años.

En el presente, Almodóvar plantea su estilo de filmar en donde el conflicto es mucho más interno, en todo momento su dirección y sus personajes son más introspectivos. Desde Volver a la fecha encontramos con más relevancia los temas del perdón a los demás y sobre todo a sí mismo, el rearmado del pasado, la aceptación de la edad y el manejo del tiempo que ahora se deslumbra más cercano a la muerte. Visualmente Pedro es como un diseñador de escenarios mucho más fino, maduro, con mayor estilo en combinar sus colores, modernista y casi minimalista en sus decorados.

Vayamos al pasado. Almodóvar toma a Julieta y gracias a su texto nos revoca a 1985. En un tren ella conoce a Xoan, un pescador que tiene a su esposa enferma casi terminal de quien se enamora al instante y pasa una noche de sexo fotografiado hermosamente por la cámara de Jean-Claude Larrieu.

Al poco tiempo Julieta encuentra a Xoan viudo. Tienen a su hija Antía y comienzan su vida juntos hasta que ocurre un giro en la historia que pone de cabeza a Julia y la relación con su ya adolescente de 18 años.

El regresar a los 80´s le da a Almodóvar la oportunidad de verse a sí mismo en sus inicios. Filma ésta etapa como si fuera de nuevo experimental, con colores chillantes y combinaciones alocadas en los escenarios. Pero también resacando los temas familiares, las locuras adolescentes y los ideales juveniles. Pedro usa el pasado para crear tensión y suspenso en cosas que se resolverán en el presente. Además, por si fuera poco, vuelve a usar a Rossy de Palma que es una de sus chicas predilectas para el personaje de Marian, ayudante de la casa.

Adriana Ugarte y Emma Suárez comparten el personaje de Julieta, ambas extraordinarias, guapas y cada una reflejando el estilo visual y fílmico de sus épocas. La película no es la mejor del director, incluso podría faltarle tensión o más garra en su final; pero es un gusto ver que Almodóvar regresa a sus historias femeninas y lo hace sin perder ese toque intimista que ha sido su sello y que en lo personal me gusta mucho.