Negocios en Movimiento

La silla vacía

Rafael se graduó de Ingeniero Químico hace 43 años; ingresó a laborar a una empresa en el giro de Petroquímica. Recién egresó de sus estudios profesionales, le ofrecieron la oportunidad de ocupar el puesto de Supervisión en Producción en el área de Procesos, y de inmediato comenzó a destacar de los demás. Su actitud siempre positiva le agradó a sus jefes, pues nunca se negaba a aceptar un nuevo proyecto; aunque representara un gran reto, él buscaba la manera de sacarlo adelante con éxito, dejando sorprendidos a todos los que le rodeaban.

Desde muy joven se caracterizó por ser un buen compañero y un excelente líder; siempre daba “aliento a los demás” comentándoles que ¡sí podían hacerlo!, que ¡no se dieran por vencidos! Y que había que enfrentar todos obstáculos que se les presentasen con el ánimo de vencerlos y lograr lo mejor de sí mismos. Sus palabras les originaba una actitud de coraje propositivo, de pioneros y de ganadores, todo aquel que dependía de él estaba muy feliz de que así fuera, pues aprendía mucho y rápido. En pocas palabras, era un gran desarrollador de líderes, muy admirado por todos.

Después de tres años de haber iniciado su carrera laboral, ascendió al puesto de Jefe de Producción; en los siguientes dos años le ofrecieron que ocupara la posición de superintendente en la misma área, y ahí se mantuvo cinco años, hasta que llegó otra empresa y le invitó a laborar con ellos en la posición de gerente de producción. Posteriormente ocupó diversas gerencias en otras áreas, donde aprendió nuevos esquemas de la visión empresarial; así estuvo rotando seis años.

Un día, el director general le propuso ocupar el puesto de director comercial, el cual aceptó con gusto, aunque representara un gran reto para él, que no conocía el área; pero su liderazgo, sin duda lo sacaría adelante como fue en su gestión en los siguientes 10 años.

Al fin un día, el presidente del consejo de la empresa le ofreció el puesto de “director general”, y en el cual se quedó durante los siguientes 17 años. Rafael demostró durante todo este tiempo que al acentuar su liderazgo, la empresa obtuvo grandes ganancias, logró expandirse en construir tres plantas, todo bajo su batuta.

Sus colaboradores lo apreciaron, admiraron y respetaron mucho durante toda su vida laboral.

Hoy a sus “60 y tantos años”, Rafael se retira en pensión; de seguro seguirá siendo un ejemplo ahora en su nueva vida personal y/o laboral. ¡Ha dejado una silla vacía, muy difícil de llenar! ¿Alguien la quiere ocupar?