Negocios en Movimiento

El fantasma del rincón

Olegario murió hace unos años; fue un empresario exitoso en todo lo que hacía, dedicado a la fabricación de zapatos y artículos de piel. Logró en su larga existencia hacer crecer el negocio que su padre le había heredado, convirtiéndolo en una marca de prestigio a nivel internacional. En los 45 años que estuvo a cargo de la empresa revolucionó la industria del calzado, basándose en sus grandes estrategias que ideó, de marketing, innovación y uso de tecnología, conquistó mercados insospechados.

Pero Olegario se aferró tanto a su empresa que tomó una decisión: quedarse ¡por lo menos un tiempo más! Como un fantasma, para asesorar a su hijo y a otros empresarios dueños de negocio, y tomó como punto estratégico “aquel rincón”.

• “Ahora que mi papá se ha ido, cambiaré la imagen del negocio, a una más actual y propositiva”, les comentó Joel a sus directores. “¡Hijo! ¿Por qué lo estás haciendo? ¿Bajaron las ventas?, ¿el mercado te ha dicho algo al respecto?, ¿Cuánto te costará ese cambio? Esperen, creo que primero debemos cuestionarnos varios aspectos, y dependiendo de los resultados tomaremos en equipo la mejor decisión”.

• “Deberíamos de mantener los sueldos este año, para ahorrarnos algo de dinero, no habrá incremento”, anuncia Diego a sus directores. “¿Cuál es la razón?” Olegario le grita. “A ti siempre te han incrementado tu compensación y hasta bono recibes. ¿Cuál es el impacto real en tu costo fijo? ¿Por qué se está yendo el personal? ¿Ya conoces cómo está tu clima laboral?” “Bien”, les dice Diego, “pensémoslo un poco”.

• “Los gastos de viaje andan muy altos, Carlos, como podrás observarlo en esta presentación. ¿Qué podemos hacer?” Olegario vuelve a hacer de las suyas, le habla al oído: “¿A qué le dices alto?, ¿tienes una gráfica de 12 meses de comparación?, ¿en dónde están los picos de costos más críticos?, si no existe un manual de políticas, ¿cómo podemos controlarlos? Primero quiero conocer esta información”.

• “Ahora que esa empresa paraestatal tan poderosa anda tan mal, nos vemos afectados, pues es nuestro principal cliente por no decir el único. ¿Qué hacemos?, ¿cerramos el negocio?, ¿reducimos personal?, ¿pedimos más créditos al banco?” Olegario se enfada. “¡No! ¡Busquen otros mercados distintos, pero ya! ¡Negocien pagos a corto plazo! ¡Innoven, sean creativos en los productos y servicios que venden! ¡Investiguen dónde están arribando nuevos negocios al país y vayan ahí! ¡Busquen otras alternativas de hacer negocio! ¡No se les cierre la cabeza!”

Ah, qué don Olegario. Está fuerte, ¿no? Todos deberíamos saber escuchar a nuestro yo interno, y no tomar decisiones tan a la ligera.