Negocios en Movimiento

En la cima

Rómulo es un joven y dedicado empleado que se encuentra ubicado en el nivel intermedio de la organización; hasta ahora ha mostrado ser una persona muy agradable en su trato con sus compañeros de trabajo, y siempre dispuesto a apoyarlos en todo lo que esté a su alcance; es amable y cordial, nunca se molesta con nadie, al contrario, siempre anda con una sonrisa en su rostro, la cual invita a que todos confíen en él y le pidan ayuda cuando se necesita. Tiene muchas aspiraciones de crecer en lo profesional y en lo personal, pero hasta la fecha no se ha presentado la oportunidad deseada.

Un día su jefe le llamó para informarle que a partir del día 1 de siguiente mes sería el nuevo director de su área; para él fue una ¡gran sorpresa! Nunca se imaginó que al fin le llegaría esa majestuosa oportunidad que tanto había esperado, soñado y deseado, pues el tiempo y su paciencia, así como su eficiencia en el trabajo, lo premió con darle esa oportunidad, de convertirse “en el jefe”.

De inmediato salió de la oficina de su superior, y fue a informarles a todo el personal que se le atravesó en el camino que era el nuevo jefe, no esperó que emitieran el comunicado oficial; esto le dio un poco de problemas a la dirección de la empresa, pues creó confusión. Después salió de prisa a su casa, invitó a toda su familia a cenar para darles la nuevas noticias. Festejaron, gastándose lo que no tenía; de repente Rómulo ya no era el mismo, cambió totalmente su personalidad, comenzó desde ese día a ver a la gente hacia abajo, y dirigirse a ellos de manera tosca y hasta grosero en algunas ocasiones. Pidió a sus colaboradores que antes de entrar a su nueva oficina debían de tocar la puerta, o sacar cita; su comportamiento con su personal y el de las otras áreas fue brusco, hostil y a todo mundo le empezó a caer mal esta actitud. Inclusive los otros directores no podían hablarle de manera directa, porque siempre les decía que no tenía tiempo, que sacaran cita con su asistente. Lo apodaron de inmediato como “el intocable” o “el inalcanzable”, se cerró en su persona.

Los problemas familiares también surgieron, porque simplemente “quería ordenar a todos lo que él quería que hicieran, y siempre creía tener la absoluta razón”. Al poco tiempo Rómulo colapsó, perdió su empleo por ineficiente y presumido, se divorció, y ahora no haya un lugar en donde laborar, ¡nadie lo quiere!

Qué lastima, ¿no lo creen? Hay que estar preparado y maduro para llegar a la cima; si no, se puede caer desde las más grandes alturas, y creo que debe ser doloroso.