Negocios en Movimiento

En caída libre al fracaso

Hoy en día las organizaciones, además de tener un enfoque preciso hacia obtener buenos resultados, que se expresan en sus indicadores, como son niveles de eficiencia alta, costos fijos bajos, productividad, competitividad y desear crecer cada día más, a través de ser atractivos en sus mercados, conquistar nuevos horizontes y sobre todo tener “buenos márgenes de utilidad y en consecuencia grandes ganancias”; las empresas han comenzado desde hace ya aproximada tres décadas, a dirigir su rumbo,  con base en una plataforma cultural y estructural que nace de hecho desde sus propias entrañas, y esta a su vez, está integrada por los valores y creencias que serán los encargados de sostenerla a través de su existencia.

Desde que Peter Senge escribió su  libro “La V Disciplina”, y en donde establece en una de ellas “retomando nuestros valores”, allá a inicios de los años 90, las empresas han volteado a ver dónde se quedaron en esta parte de sus principios y creencias, o bien ¿nunca pensaron en ellos?, o ¿creyeron, simplemente sería una moda el manejo de sus negocios a través de sus valores? Sin embargo las compañías que sobrepasaron la Segunda Guerra Mundial, y las siguientes cuatro décadas pareciera ser que se les olvido que existían, y convirtieron “la administración de empresas humanista en una administración de negocios materialista”.

En la actualidad las “certificadoras de normas internacionales establecen que una empresa debe forzosamente tener escrito e implementado “un código de conducta”, que garantice que su implementación sea sólida y que tanto los patrones como los directivos y todo el personal que labora en ella, se apeguen a los valores y principios que ahí se establecen; de no ser así, este tipo de empresas no estará reconocida en los niveles internacionales de tener una buena administración seria, y será no aceptada y rechazada, aun tenga buenos logros y resultados.

Cuando no se cuenta con un “código de conducta” se es más susceptible a que las personas caigan en comportamientos inadecuados, como la falta de respeto a sus compañeros y jefes, el adueñarse de lo ajeno, dañar las instalaciones de la compañía, ser adicto a substancias tóxicas y enervantes, la pérdida de la vergüenza y la dignidad, tener amistades indeseables, el no valorar las cosas que se tienen, desvincularse de la familia, y ver siempre el cómo no se puede.

Todas estas actitudes pueden afectar a la empresa, al punto de ponerla en riesgo de estar “en caída libre hacia el fracaso”.