Negocios en Movimiento

¿Cristal roto?

Fíjate lo que haces... Ya rompiste el cristal, era una pieza muy cara, vuélvelo a pegar, y asegúrate que quede igual. ¿Qué no ves que te quedo mal? Esta obra de arte se perdió, nunca quedará como la original.

Qué difícil es cuando algo tan valioso y que además costó mucho tiempo y trabajo construir, se acaba porque hubo un “quiebre” que lo echó todo a perder; y ahora me refiero a ese valor ético tan apreciado para unos y tan mal entendido para otros, que es “la confianza”. ¿Complicado, no? Echémosle un vistazo a los siguientes ejemplos:

• Raúl, me dijiste que habías hecho el depósito ayer, me confié y expedí un cheque, el cual fue rechazado por no tener saldo suficiente.

• Felicidades por el gran negocio que hiciste, y como quedamos, tu bono será del 7% de la operación, Joselito.

-¿No me dijiste que era el 10%?

-No lo recuerdo; pero si fue así, es menos los impuestos, y eso da el 7%.

• Por favor, Julia, ayúdame con elaborar la presentación que tenemos mañana, obtenla de mi USB.

-Sí, Ismael, ¡cuenta con ello!

Pasaron varias semanas, Julia estaba exponiendo un tema en la junta de gerentes; al finalizar, y, ya solos, Ismael le pregunta: -¿De dónde obtuviste esa información?

-Ay, perdón, me sentí en confianza y la extraje de tu USB, aquel que me prestaste; se me olvidó decirte.

• Ernesto, ¿me prestas el auto utilitario para el fin de semana? Me ando cambiando de casa. - ¡Sí, adelante!

Llegó el lunes, Arturo responde el teléfono. -¿Ernesto? ¿Qué pasó?

-Es que choqué.

-¿Estás bien? -Sí...

-Pues llama al seguro.

-Es que fue en USA.

-¿Qué?, ¿no te cambiaste de casa?

• Homero, ¿dónde has estado tirando la merma? Necesito urgentemente que me digas ¿qué cantidad tenemos en existencia?

-Sí, Javier, la hemos estado vendiendo.

-¡Bien! ¿y cuál es el ingreso que se ha obtenido? -No lo sé... pues pensé que como era basura, la vendí a título personal.

• Paulo, esa fabriquita pequeña en Chihuahua se está llevando a nuestros clientes; investígame de quién es a la brevedad.

Pasaron tres semanas, y no hubo respuesta.

-Paulo, no te preocupes por decirme quien es el dueño, ya lo sé, casualmente es de una persona que tiene tu mismo apellido, ¿sabes quién es? -Sí, señor, es de mi primo.

Cuando se pierde la confianza, se pierde todo. ¡El cristal se hizo añicos!