Negocios en Movimiento

¡Ah, caray!

Se encontraba toda la familia sentada en la mesa de la cocina, platicando y degustando un rico pan dulce que se encontraba en una canasta; el café y el té no podían faltar, ¡la charla estaba buena!

La primera que habló fue la mamá: “¿Qué creen? Les tengo una buena. Pues nada, que a Paco el vecino ¡si, ese! El flojonazo que dice que trabaja mucho, pero todos sabemos que no es así, lo acaban de nombrar director general de la empresa en donde labora”. “¿Cómo, eso no puede ser posible?”, dijeron todos al mismo tiempo, y se oyó un fuerte exclamo “¡ah, caray!”, increíble.

El papá siguió con el mismo tema de ¡descubrir esos huevos de pascua! “pues al vecino de enfrente, el que nunca recuerdo su nombre, les cuento que se acaba de cambiar de religión, y a todo mundo quiere convencer de que se vayan con él, pues presume de tener un alto cargo en la misma, como si fuera una empresa, caray, y ahora viste muy formal”; el hijo mayor comentó a los demás; “ya ven, por eso no quiero estudiar, ya me invitó a unirme a su religión nueva, dice que le va muy bien”. “Ah, caray”, dijo la tía Panchita, “ahora ese tan persignado, pues si nunca iba a misa”.

El otro hermano estaba atragantándose una deliciosa concha, y comenzó a hablar con la boca llena. “Pues ¿se acuerdan de aquel amigo de mi papá, que se decía tan formal y seriecito? Pues lo acabo de ver en el periódico, pero no en la sección de sociales, sino en la de barandilla: lo acusan de denuesto”; “ah, caray”, dijo el papá, “de seguro hay un error”. Todos al unísono dijeron “¡no lo defiendas! Caras vemos, corazones no sabemos”.

“Oigan”, dijo el abuelo, “¿y qué me cuentan del hijo de Paquita? Hoy es un verdadero ejemplo de muchacho, aun con las carencias económicas que todos sabemos, y con mucho menos recursos de los que estamos aquí disfrutando de esta charla, ha logrado superarse, hoy tiene una gran empresa, que vende su producto como pan caliente, y ya va a abrir su décima sucursal. “Ah, caray” respondieron todos los nietos, “y ¿cómo le hizo, abuelo?” “Pues esforzándose, cosa que ustedes no hacen”.

La hija finalizó diciendo, “pues mi amiga, sí, aquella la feíta, que ahora no sé, pero se puso muy guapa; se acaba de casar con un millonario”; “ah, caray”, salió de toda la familia, “pues sí que tuvo suerte”, “¡No, familia, no! Más bien se enfocó en lo que quería y lo logró, ella me lo dijo”.

¡Ah, caray, qué sorpresas!