Articulista invitado

Lecciones para superar la crisis actual del MACO

La situación del importante recinto cultural provoca preguntas y genera reflexiones para resolver sus apuros.

Como pintor y como oaxaqueño, tras analizar la información disponible y la reciente postura pública del maestro Francisco Toledo sobre el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO), con la cual coincido, tengo hasta ahora más preguntas que respuestas a lo que realistamente podremos lograr desde la sociedad, el gobierno, los pintores, los artistas en general y los particulares que integran el grupo Amigos del Maco para impedir el progresivo empobrecimiento y declive general de ese espacio cultural.

¿Hasta qué punto un solo grupo de particulares debe y puede determinar un programa de trabajo, definir una agenda de actividades, ejercer y vigilar un presupuesto, aplicar un reglamento, cuidar un acervo y engrandecer una biblioteca sin contar con una sólida instancia directiva independiente que garantice que se tomarán y aplicarán las mejores decisiones de interés colectivo y que le dé orden y concierto a las deliberaciones y propuestas de grupos y personas?

La crisis del MACO puede servir como un llamado general de atención —a la sociedad, al gobierno, a quienes como particulares integran el grupo Amigos del MACO, a los pintores y artistas— para analizar la situación del más importante espacio museográfico público de Oaxaca y aplicar propuestas claras que lo hagan resurgir con un nuevo impulso. Es eso, o dejarlo sucumbir al embate de las fuerzas que no han podido frenar ni impedir su progresivo deterioro y burocratización.

¿Hasta qué punto es prudente que, siendo el MACO un espacio público por definición, en cuyo sostenimiento interviene el Estado —por medio del gobierno en turno, que le aporta una sede y le entrega fondos públicos para cubrir el gasto corriente—, siga careciendo de un director independiente que represente precisamente el interés público, es decir, que rinda cuentas y cumpla con transparencia sus funciones de acuerdo con las normas que aseguren el buen funcionamiento, fortaleza y continuidad del museo?

Una ojeada a la organización y tendencias en el funcionamiento de los grandes museos de renombre mundial puede incluso aportar algunas respuestas indirectas para superar la crisis del MACO, e incluso señalar el rumbo más conveniente para encontrar la salida al caso de esa institución.

En los grandes museos las aportaciones de los particulares llegan a ser hasta de 70 por ciento del presupuesto anual a ejercer, y el resto es de origen público. Sin embargo, la dirección recae en una autoridad gubernamental especializada que no abdica de sus funciones y responsabilidades ante la opinión de artistas, promotores de arte, gerentes y otros actores. Se trata de una autoridad directiva que transparenta el conjunto de su quehacer como factor indispensable para generar confianza en su capacidad de gestión.

El MACO, en su situación actual, es el resultado de un vacío cultural que solamente fue superado por la obra singularísima y el quehacer y abnegación del maestro Francisco Toledo. Es tiempo, 21 años después de iniciado ese modelo museográfico —que en parte cumplió un cometido—, de revisar lo hecho y proyectar las nuevas propuestas que garanticen su vigencia institucional.

Asumamos cada uno, ya sea como sociedad civil, como artistas y como gobierno, la parte del compromiso que rescate y saque al MACO de su crisis y sus profundos desacuerdos. El tiempo apremia.