Último Round

La vida es un viaje

Abi tiene una cicatriz en cada seno y la costumbre de restregar en la cara de sus clientes esas huellas que dejó la cirugía.
Tiene, también, las mejores piernas del centro nocturno, la nariz respingada y los ojos color miel.
Por 905 pesos, quienes asisten a donde trabaja la chica de 27 años pueden contar, durante tres canciones, cuántos tatuajes adornan su piel apiñonada. Eso, si lo que buscan es contar tatuajes.    


Pero si buscan historias en ese antro de Nuevo León, pueden encontrar la de aquel hombre rodeado de jóvenes como Abi. Dicen que va una vez a la semana, que solo charla con las mujeres, que gasta miles de pesos en algo de compañía, que dejó ahí más de cien mil pesos el día que cumplió años. Esta noche, por ejemplo, cada ronda de tecates le costó tres mil pesos, 500 por cada chica que lo acompañaba. Rondas y rondas.
Abi seguirá bailando.


Jairo vuela de Monterrey a Tuxtla Gutiérrez. La suerte lo acomodó en la fila del avión con dos desconocidos pero, al fin de cuentas, gomezpalatinos, su gente. Está orgulloso de la música de su tierra, de los Chicos de Barrio, de Tropicalísimo Apache, de los Cardencheros de Sapioriz.
A cientos de kilómetros de altura, cuenta sus planes: visitar a una amiga y a ver qué sale. Ya en tierra, Samanta, la amiga de Jairo, llegará tarde al kiosco de la plaza en San Cristóbal de las Casas.


Jairo se perderá entre los cientos de personas que van en procesión ese Jueves Santo.
Ricardo va a casa. La jornada terminó a las 7:00 de la tarde. Es albañil. Cuando hay trabajo, generalmente está en Tuxtla. Pregunta que si en Durango hay chamba. Pero no.


Su pueblo se encuentra en los Altos de Chiapas, rodeado de nubes. Habla tzotzil y explica, en español, que su lengua tiene muchos acentos, por eso suena golpeada. A gusto, dirá en lugar de Mucho gusto. Bajará de la combi con sus compañeros de trabajo. Se irá por la montaña.
Peter baila breakdance en el jardín. En lugar de una lengua indígena, como mucha gente en Chiapas, sabe español e inglés. Quiere ser profesor del idioma de Shakespeare. Tiene 20 años, un metro 30 de estatura y un montón de carisma.


Peter seguirá bailando. Un mortal, otro, otro.


La idea es recoger lo propio donde uno lo encuentre. En Monterrey, en un avión, en San Cristóbal… Abi, Jairo, Ricardo, Peter, Natalia, Don Javier, Max… tendrán mucho que compartir. Todos tienen algo en común: en este viaje llamado vida, van –vamos todos- en el mismo barco.



twitter: @Sergomezv