Último Round

El vaso de leche

Ahora entiendo. Por lo menos, creo entender. Uno es un niño. O estúpido. O un niño estúpido. Eso no lo entiendo bien. Lo que sí entiendo es que aquella tarde, hace 20 años, hice mal…

En la pantalla, veo a la hermosa  joven harapienta frente al aparador de la panadería. La chica de Chaplin piensa robarse un pan. Y lo hace. Hablo de Tiempos Modernos (1936) donde una mujer descalza personifica el hambre y sus consecuencias.

Frente a esa misma pantalla, la historia del hombre que no encuentra empleo me saca las lágrimas. Hablo de la obra maestra de Vittorio De Sicca, Ladrón de Bicicletas (1948). En la película italiana, el personaje principal y su hijo, porfiados en el cordón de la banqueta, observan el ir y venir de cientos de trabajadores. Una ciudad llena de bicicletas enmarca la escena del niño hambriento que acompaña al padre desesperado, ese par que desencaja en aquel mundo de obreros.

La ocasión hace al ladrón, reza el dicho popular. En este caso, la ocasión es la bicicleta solitaria en el umbral de una puerta. El hombre manda a su hijo lejos para que no atestigüe el hurto de la bicicleta, una como a la que a él le robaron días antes.

… No digo más sobre el filme, solo que ahora preferiría haber sido aquel niño que ve el rostro destrozado de su padre, como tratando de entenderlo. Me gustaría haber sido aquel chamaco en blanco y negro en lugar del niño estúpido que fui.

Debió haber sido hace 20 años. Estaba en el supermercado cuando vi a aquel hombre. Yo tendría entre 10 y 13 años. Lo perseguí desde que entró porque me pareció sospechoso. Hasta la fecha me gusta jugar al detective.

Cuando el hombre llegó al departamento de frutas y verduras, sacó bolsas del supermercado y fue metiendo ahí la comida. Intentó salir sin pagar pero yo ya había advertido a los guardias…

“Lo acometió entonces una desesperación aguda”. ¡Tenía hambre, hambre, hambre! Un hambre que lo doblegaba como un latigazo pesado y ancho; veía todo a través de una niebla azul y al andar vacilaba como un borracho”, dice Manuel Rojas en el cuento El vaso de leche (1929). Trata sobre un joven marinero que, tras varios días sin probar comida, intenta robarse un vaso de leche. 

… Ahora entiendo. Por lo menos, creo entender. Aquella tarde, debí dejar que el hombre llevara comida a su casa. Es un mundo injusto aunque eso puede cambiar.

Sergio Gómez

twitter:  @sergomezv