Último Round

Lo robado

El ladrón ya no estaba. Debió bajar del autobús en cuanto esculcó mi mochila. Y yo, en dirección contraria. Así luce el trazo imaginario de mi improvisada ruta de viaje.

Desde hace dos semanas, intento que mi recorrido dibuje la costa del Golfo de México y la Península de Yucatán. Cuando llegué a Mérida, me dijeron que era la ciudad más segura de México.Ahora estoy aquí al fondo de un camión de segunda clase con dos cosas en la cabeza, un dolor y una pregunta: de qué hablan Virginia –mi compañera de viaje- y aquel tipo extraño.

Antes, le dije a mi amiga que aquel señor, es de quien más desconfío. Le expliqué que, cuando abordé, me miró con una sonrisa nerviosa que me sigue persiguiendo. Entonces, cuando ella se enteró que, entre lo desaparecido, iba la bolsa que me dio a cuidar, se animó a acercarse con el señor.

Y ahora está hable y hable con el tipo. Media hora de un bla bla inaudible. Qué tanto dicen. Cuando comienzo a desesperarme, Virginia se levanta.El señor es vendedor de droga, Sergio. Me dice como para que me calme, como para decirme que no, que el ladrón ya no está en el autobús. Que ya sabe qué fue lo que pasó.

Resulta que el vendedor de droga, pensando que los dos ladrones iban tras él, abrió bien los ojos. Le contó a Virginia que él vio como los rateros nos veían, como nos vigilaron cuando en la central de autobuses, saqué la cámara para fotografiar a Luna –la bebé de Virginia-, como Virginia fue al cajero automático, como, en la tienda de la terminal, compré un sal de uvas para la acidez… Desde ahí nos vienen siguiendo: los dos ladrones y el dealer parlanchín que nos hemos topado.

Cómo sacaron las cosas de mi mochila, me pregunto. Esperaron a que me durmiera.El camión y quienes estamos a bordo continuamos con el itinerario. Una lancha nos lleva a la isla de Holbox. Ahí, la gente que trabaja en los hostales nos explica que, a diario, llega gente que ha sido robada en ese camión –es el único que sale desde Mérida hasta acá-. Por las historias, llegamos a la conclusión que los ladrones utilizan alguna sustancia –cloroformo, quizá- para adormecer aun más a los pasajeros.

Hablaré con las autoridades de Yucatán sobre lo que está pasando en esa ruta desde hace cuatro años. Esperaré a que hagan algo. Esperaré. Esperaré.Pronto me daré cuenta que no solo nos han robado una laptop, una cámara fotográfica semiprofesional, dos pasaportes, un teléfono celular, diez mil pesos… Los ladrones, la empresa de camiones más grande del sur del país y el gobierno de Yucatán me robaron algo mucho más valioso: la confianza.


Sergio Gómez@sergomezv