Último Round

La prole wanna be

La dialéctica sostiene que para cobrar conciencia de lo que somos, debemos enfrentar lo que no somos. En otras palabras: nos cae el veinte de nuestra espantosa fealdad cuando nos rodeamos de súper modelos. En eso consiste este método filosófico, en acercarnos a la realidad a través de oposiciones o –para ponerlo en términos del Señor Don Licenciado Carlos Marx- a través de la lucha de opuestos.           

La dialéctica, por ejemplo, nos puede servir para ubicarnos si, en este mundo de burgueses y proletarios, estamos arriba o abajo. Es que solamente nos sabemos pobres frente a la riqueza de otros. En otras palabras: nos sentimos jodidos cuando El Director de la Empresa para la que chambeamos llega en su Audi nuevo. Pero luego –ahí está el meollo de esta columna- se nos pasa cuando vemos que El Compañero de Sistemas sigue con el mismo vochillo de siempre. El Compañero de Sistemas se da ánimos cuando sabe que la Señora de Intendencia anda en camión y que apenas le alcanza para treparse a uno. La Señora de Intendencia no se agüita porque sabe que La Vecina no tiene trabajo y anda bien apurada para tener algo en la despensa. La Pobre Vecina no la hace de tos porque le basta con salir al Centro, encontrarse con El Indigente y darle una moneda de dos pesos para sentirse Director de la Empresa para la que chambeamos.

A esta altura, se estarán preguntando con quién se consuela el Indigente. La verdad es que al Indigente le vale gorro, está preocupado por otros asuntos que desconocemos.

El caso es que la mentada dialéctica resulta bastante engañosa: en un país como México donde –según el propio Secretario de Desarrollo Social- uno de cada dos personas vive en la pobreza, es difícil encontrar ricos. No porque uno de cada dos mexicanos sea pobre significa que el resto sea millonario.

Cómo entenderemos que a nuestras cuentas bancarias le faltan diez ceros a la derecha para que se parezca un poquito a la de Carlos Slim. Y que quizá, a la cuenta de Carlos Slim le falta otro cero para igualar la fortuna de los dueños de la Reserva Federal.

La neta es que somos proles. Hasta el Director de la Empresa está más acá que pa’llá. Al final de cuentas, puede perder su trabajo. Justo como la mentada Vecina que no tiene chamba.

La neta es que estamos bien jodidos pero nos encanta hacernos güeyes e imaginarnos que somos Rico MacPato. Somos proles pero súper wanna be.


Sergio Gómez/ @sergomezv