Último Round

De política y religión

Prefiero no creer en Dios. Así, evito corajes, desilusiones e ir a misa los domingos. Supongo que ambos estamos bien con eso. Ni yo me meto con él ni él se mete conmigo.

Lo mismo hago con los políticos. Y a pesar de que voy a votar –los domingos, por cierto- inmediatamente les retiro mi confianza. Aquí debo aclarar una cosa, tengo la suerte de que siempre pierden los candidatos que voto. Por eso, jamás puedo comprobar qué tan equivocado estaba. Pero ese es otro tema.

Les decía que prefiero no creer en los políticos. Así, evito corajes, desilusiones y el riesgo de sentirme traicionado.

El problema es que los políticos no son como dios. Ellos sí se meten conmigo. De hecho, y que conste en estas líneas, si me lío con esos tipos es porque, seguramente, ya me hicieron algo de a tiro gacho: subieron impuestos, aprobaron una reforma laboral pasada de lanza, se comieron a un niño vivo, qué sé yo.

El problema de creer en Dios y en los políticos es básicamente el mismo. ¿Cómo depositar la confianza en alguien que no conoces? Pienso que ese es un asunto grave. En verdad grave.

Le pedimos a Dios que nos eche la mano para llegar a fin de mes, que cure a nuestra tía enferma de cáncer y que el Santos quede campeón. Y repetimos la fórmula frente a aquellos que se dedican a la grilla: que aumenten el salario mínimo, que construyan más y mejores hospitales y de pasada un nuevo estadio para el Santos.

En religión, debemos entender que no se trata de rezar y luego cruzar los brazos. “Ayúdate que yo te ayudaré”, dicen que dijo Dios. Mucha gente religiosa lo comprende.

En política, debemos entender que no se trata de votar y luego cruzar los brazos. Pocos ciudadanos lo comprenden. El gran error que tenemos es que tratamos a los políticos como dioses. Esos que cuando llegan al olimpo de la grilla son deidades intocables. Podemos decir pestes de ellos pero en realidad no hacemos nada para cambiar la situación salvo bla, bla, bla, bla. Como si quejarnos resolviera algo.

Le cuento que yo prefiero no creer en los políticos. Más cuando sé que a diferencia de Dios, a estos sujetos sí los podemos echar a patadas cuando hacen mal su chamba, seguirles la pista, auditarlos, exigirles... De hecho, no es que tengamos el poder de hacerlo sino que es nuestra obligación. Entonces, manos a la obra y que se haga la voluntad de Dios. Ja.

 @sergomezv