Último Round

Una piruleta para la Luna

Maldito el día en que la niña probó una paleta. Maldita la hora y aquel maldito momento en el que la lengüecita de la Luna quedó prendida del caramelo.

Lanzada la condena, la mujer enfrenta con rostro alargadísimo el inicio de una huelga intempestiva, sin emplazamientos: mama, una piruleta. Mama, piruleta.

Piruleta. Y la negativa de la mama. ¡Piruleta! Y el llanto de la niña. ¡Piruleta! Y la negativa de la mama que ofrece un diálogo repleto de argumentos aprendidos a la dentista. Y más llanto. Y más explicaciones que son escuchadas como un No, no y no y te dije que no porque no quiero.

Y entonces: ¡piruleta! ¡Piruleta! ¡Piruleta! ¡Piruleta! ¡Piruleta!..Aquello es como el ulular de sirenas policiacas que martillan los oídos de un delincuente. Y es que la mama es una ladrona. Sí, una ladrona. De otra forma, cómo explicas que busque robarle a su propia hija, una bebé de apenas dos añitos, el sagrado derecho a experimentar de nueva cuenta el orgásmico sabor del azúcar. Esto ya no es una huelga; en este mundo, se trata de un robo.

Aquí, solo se puede escuchar el ulular. Nada más.

Consciente de que unas veces se pierde y otras veces también, Virginia se entrega.

La niña, piruleta en mano, pone una sonrisa inocente. Detrás de ella –yo lo vi con la imaginación- los magnates de la industria del azúcar sueltan carcajadas terroríficas. Así debió haber sido aquel día maldito en el que La Luna probó una paleta. Así debieron de haberse reído.

Así es hoy, en este día, en que me lleno de miedo. Miedo como el que tiene Virginia al ver que en la sonrisa inocente de su niña ya se puede notar la caries. Miedo como el que tuve cuando vi retorcerse a un señor en la Cruz Roja.

Decía que le dolía mucho el pie y cuando me acerqué a ver qué podía hacer por él, me di cuenta que no tenía dedos. Se los habían amputado por la diabetes. Miedo como el que me dio cuando estaba dando clase en la universidad y uno de mis alumnos, desde su lugar, derrumbado, me pidió que lo dejara salir, que iba por una cocacola, que bajó el azúcar, que tiene diabetes.

Ahora no se trata del ulular en el chillido de la Luna; se trata de una carcajada interminable: por la abuela materna que también enfermó, por el abuelo paterno. Por la hermana de mamá y por el hermano de papá que necesitan insulina.

No paran de reír los magnates del azúcar en este país donde en cada esquina hay un refresco, un cereal, un chicle, un jugo, unas frituras, un pastelillo… o una piruleta para la Luna.


Sergio Gómez @sergomezv