Último Round

Cuánto pesan los sueños

De niño, soñaba con ser político. Uno de los buenos. Todavía en preparatoria, tallé en un mesabanco: “aquí se sentó el futuro presidente de México”. Firmé la frase con mi nombre completo.


Algunos maestros me han dicho que todavía utilizan aquel pupitre antiguo con mi letra tallada y con la de tantos otros que también se sentaron ahí.
Me pregunto cuándo jubilarán al mesabanco aquel. Cuántos sueños más abandonaremos. Cuánto nos pesan.


Virginia, la mujer más hermosa de Malgrat de Mar, tiene una idea. Desde Chapantongo, Hidalgo, con un boleto de regreso a Cataluña, escribe:
“El otro día vi cómo una hormiga roja acarreaba el ala de una libélula. Diez veces mayor que ella. Tropezó con unos granos de arena y se le cayó el cargamento. Intentó agarrarlo de nuevo, pero ya no pudo. Agarró entonces un trozo del ala que se había roto en la caída y con ella se fue.


“A veces los sueños son muy grandes. Y qué bueno que así sea. A veces uno debe aprender a agarrar el trocito de sueño que se desprendió en la caída.
“En todas las dimensiones pasa lo mismo. En la de un ser vivo como yo y en la de un ser vivo como una hormiga roja.


“A un par de centímetros, otra hormiga transportaba una pata de insecto, quizás de la misma libélula que se quedó sin ala... y sin pata. Luna (la pequeña hija de Virginia) no se dio cuenta de lo que sucedía en esa otra dimensión y casi la pisa con su pie. La hormiga se zarandeó. Dio vueltas como desorientada, un rato. Unos segundos en mi mundo, quién sabe cuánto tiempo en el de ella. Al fin, encontró la patita, la agarró de nuevo y siguió con su camino. Quién sabe si el que llevaba u otro. El hubiera o hubiese solo existe en los manuales de conjugación de verbos. La realidad no se hace de hubieras o hubieses.


“En todas las dimensiones pasa lo mismo. En la de un ser vivo como yo y en la de un ser vivo como una hormiga roja”.


Como aquellos diminutos seres colorados y como Virginia, yo también he tenido que ir por otros caminos, cambiar de equipaje. Abandoné el sueño de ser presidente. He conocido alcaldes, secretarios, gobernadores… y no me quedan ganas de terminar así.


El chiste es conservar la esencia de los sueños; en mi caso, hacer de este mundo un mejor lugar.


Virginia se despide. No sé por cuánto tiempo. “Pues, de nuevo, yo ya me voy, como la hormiguita, con su trozo de alita, con su patita, a seguir por otros rumbos. A seguir soñando”.


Sergio Gómez/@sergomezv