Último Round

Las olas de violencia que vienen

Cuando Felipe Calderón Hinojosa le declaró la guerra a la delincuencia, algunos analistas –y el gobierno, claro- aseguraron que era necesario. En efecto, la geografía delincuencial del país experimentaba un reacomodo.Los índices de violencia, incrementados por la presencia militar en las calles, marcaron al sexenio. Con una cifra de muertos calculada hasta en 120 mil, Calderón cedió la tarea al PRI.Así como al final del periodo, el panista desincorporó los términos bélicos del discurso (la palabra “guerra” por “lucha”, por ejemplo) los asesores de Enrique Peña Nieto tenían la idea de poner el tema de seguridad en otro plano, crear la percepción de un México más pacífico.La lucha, de acuerdo a la nueva óptica, se emprendería contra los lastres legislativos. Eran tiempos de reformas; no de guerra contra la delincuencia. Ese fue el discurso oficial. Lo es aun. Pero cabe preguntarnos ¿acaso ha cambiado el panorama de seguridad?La propia versión de la PGR en lo sucedido con los normalistas de Ayotzinapa –la misma de los presuntos asesinos de estudiantes- corrobora que el problema de seguridad todavía no ha sido resuelto. Incluso, se pudo haber agravado. Hay comparaciones entre lapsos del sexenio panista y priísta que exponen la posibilidad de que, para 2018, el número de ejecutados sea mayor respecto al mandato de Calderón.A pesar de anunciar cambios en la “estrategia de seguridad” desde la campaña política, el equipo de Peña ha seguido la misma dinámica.Los cambios son mínimos. Las grandes detenciones ni siquiera han significado reacomodos importantes en el mapa delictivo. Como ejemplo, la detención de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, quedó lejos de afectar la operatividad del cártel de Sinaloa.Parece que la “estrategia de seguridad” se reduce a esperar que los grupos delictivos terminen con el reparto de territorios. Cuando un grupo pierde terreno, no representa que el Estado lo haya ganado; solamente que el cártel antagónico se ha fortalecido.Ya ocho años con ejecuciones diarias, levantones, secuestros, extorsiones, desaparecidos, retenes, soldados y policías patrullando con armas largas… Las cosas no han cambiado ni parece que lo harán. Al contrario, de acuerdo al comportamiento delictivo, los ciclos de los capos cada vez son más cortos, es decir, los reacomodos suceden más rápido.El pronóstico del clima de seguridad prevé varias olas de violencia.

Sergio Gómez


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