Último Round

La mamá de Eduardo y Giovanny

Pase, profe, pase. Me dice mientras caigo en la cuenta que no puedo decir que no. No puedo hacer otra cosa sino acompañarlo hacia el ataúd. Solamente he visto dos cadáveres: el de mi abuelo y el de mi maestro de teatro. En ambas ocasiones, saqué la conclusión que somos poca cosa. Algún día seremos como ellos, como mi abuelo y mi maestro; algo así como un muñeco sin pilas arrumbado en una caja de madera inútilmente adornada.


Por eso, me niego a ver cadáveres. Pero, para Eduardo, yo no soy este tipo miedoso, este que anda aterrorizado porque, por tercera vez en su existencia, se va a enfrentar a la muerte. No, para Eduardo soy el profesor Sergio, alguien mucho menos cobarde.


Ahí está, mírela. Me dice. Quiere que me despida de su madre. Y ahí estoy yo, haciéndole como que me despido de ella aunque en el fondo me estoy despidiendo de mi abuelo y de mi maestro de teatro.


Dice Benedetti que cada dolor flamante tiene la marca de un dolor antiguo.


A Eduardo lo conocí porque juega futbol en la preparatoria técnica donde la hago de promotor deportivo y docente. Él y su hermano Giovanny son estrellas en el equipo.


A Giovanny, que ahora está fuera de sí y afuera de la funeraria, le doy clase de Lectura. Como no leyó durante el semestre, conocí a su mamá. Fue en el patio de la escuela.


Así que usted es la mamá de Giovanny, verdad. Y solté la queja. La joven madre me dijo que me lo encargaba mucho. Se lo encargo mucho, profe. Así dijo aquella tarde. Ahora, frente a su cadáver, las palabras se vuelven pesadísimas.


Dirá mi amiga Virginia que todos vamos hacia la muerte, la cuestión es por dónde vamos hacia ella, qué caminitos elegimos para llegar al destino. Este atajo no fue elegido por ella.


Eduardo quiere ir por unas fotografías. La idea es adornar el féretro con las imágenes de la familia. Ahora estamos ahí, en el espacio diminuto con dos cuartitos, ese hogar que parece perderse entre los cientos de casas idénticas que hay en la colonia.


Afuera, el espacio para el coche está vacío. Los planes para comprar carro han sido cambiados por una ampliación, la casa la necesita para cuando crezca la hermanita de Giovanny y Eduardo, quien cuenta la historia:


La joven madre subió a la bicicleta, con su esposo. Iban a casa. Unas cuadras antes de llegar, una vecina salió a toda prisa. Montada en una camioneta, le pasó encima a la pareja. El hombre salió ileso pero viudo.


Frente al hogar de la familia, frente al montón de casas idénticas, el mundo parece una maqueta arrojada a la basura.
Quizá, algún día, aprenderemos a no atropellarnos.

@Sergomezv