Último Round

Me llamo Sergio…

Me llamo Sergio. Tengo 28 años, tiempo más que suficiente, supongo, para haberse despabilado las lagañas de la indiferencia política. Abrir los ojos –bien abiertos- y observar cacho por cacho el país que nos va quedando.


El hogar debe ser el sitio donde está la gente que ama uno. En mi caso, México. Aquí vivo yo y aquí vive la gente que amo. Aquí, donde la burocracia estaría más empeñada en encontrar su nombre en una lata de refresco que a los normalistas de Ayotzinapa. Si no fuera porque la indignación llenó las calles… A nada le teme más el Gobierno que a las calles repletas o a las urnas vacías.    Cómo no indignarse, me pregunto, si hay más voluntad para buscar unos puntitos en las encuestas que a los desaparecidos. Cómo no sustituir la consigna estúpida #NoEraPenal por aquella #YaMeCansé.


Tienen que pasar atrocidades para que despierte un pueblo. Para que se dé cuenta de lo cansado que es esto de vivir aquí.
Dice el caricaturista Quino que los luchadores incansables, a los que se les levanta efigies en las plazas, no tienen tanto mérito. El mérito es de la gente de a pie, a los que aun cansados siguen luchando.


Les digo que me llamo Sergio y vivo aquí, en un país de desaparecidos. Desaparece el Estado cuando desaparece la gente, por ejemplo. Hasta la sabiduría popular, vertida en las redes sociales, sabe que en este país desenterramos a nuestros muertos para darle sepultura. Así van apareciendo los que ya no estaban. La versión oficial indica que los estudiantes no están en las aulas sino en los basureros, hechos polvo.


Cuando los estudiantes están en los tiraderos o en las calles, que es más reconfortante, es signo de que algo anda mal.


Me llamo Sergio y doy clase en preparatoria y universidad. Últimamente, una idea terrible me persigue y es la de imaginar a uno de mis estudiantes baleado. Supongo que eso le pasa a la gente que va a las marchas, imagina que el cuarenta y tantos puede ser su hijo, su hermano, su compañero…


Me llamo Sergio y cuando hablo así no busco representar a nadie. Ni a los que son jóvenes como yo ni a los maestros ni a los que son empleados o sencillamente habitantes de este país. No hablo por nadie sino por mí. Porque me incomoda saber que bien podría correr la misma suerte que otros.

Bien podría llamarme Julio César, Alexander, Luis Ángel, Jorge, Felipe Arnulfo, José Eduardo, Israel, Leonel, José Aníbal, Bernardo, Giovanni, Abel, Marco, Doriam, Jorge Luis, Joshivani, Miguel Ángel, Carlos Lorenzo, José Luis, José Ángel, Carlos Iván, Everardo, Martín Getsemani, Jorge Antonio, Jonás, Abelardo, Adán, Benjamín, Saúl, Christian Tomás, Emiliano Alen, César Manuel, Magdaleno Rubén, Jesús Jovany, Antonio, Luis Ángel, Christian Alfonso, Marcial…


@sergomezv