Último Round

De ladrones a héroes nacionales

En México, los ladrones terminan convirtiéndose en héroes nacionales o, mínimo, en personajes que ilustran las láminas recortables de historia contemporánea para alumnos de primaria. Es algo casi obligatorio, como ir a misa los domingos o como decirle a la novia que con ese vestido se ve delgada.


Basta con que alguien se pose sobre la silla presidencial para que la injusta historia oficial decida que es oportuno ponerle a una colonia, bulevar o plaza pública el nombre de ese ratero, el más votado del país. Si es que no se robó las elecciones, por supuesto.


La historia oficial, como cirujano plástico, se dedica a levantar bustos. No importa lo vergonzoso que resulte: ponga a la entrada del edificio de Tesorería un busto de Fulano, ese que le dio en la madre al erario en el setenta y tantos; y en la calzada Independencia, levante el busto de Perengano, el que privatizó la banca.


En Monterrey, por ejemplo, hay un bulevar con el nombre de Gustavo Díaz Ordaz. Entonces, ya no es solo el presidente que mandó a masacrar a los estudiantes en Tlatelolco sino que inmerecidamente es una vialidad regia pero también un fraccionamiento en Saltillo y una colonia en Zapopan o en Puebla o en cualquier otra ciudad. Así de torcidas están las cosas.


Ahora que se cumplen 137 años del natalicio de Pancho Villa, conviene contrastar cómo su leyenda ha cabalgado contra la historia oficial y, a pesar de los inconvenientes, ha logrado estampar su nombre en la nomenclatura de alguna calle o en alguna plaza pública. Incluso en algún restaurante en Moscú.


Al bando derrotado no le toca escribir la historia. A Villa, uno de los grandes perdedores de la Revolución, no le tocó amañar los libros de texto pero sí burlarse, desde su tumba inexistente, de todo el Sistema.


Durante muchos años, cualquier reconocimiento oficial a Villa significaba un problema diplomático. Recordemos que el guerrillero atacó territorio estadunidense en 1916.


Villa, a diferencia de los políticos que niegan haber rasurado el presupuesto, fue un ladrón confeso. A pesar de ello, y de tener a la historia oficial en su contra, es más querido y admirado que todos los mandatarios de sexenios recientes juntos. Villa es el héroe popular, el rey sin corona.
En tiempos de descomposición social, hoy más que nunca, viva su ejemplo de reivindicación. ¡Viva Villa!


@sergomezv