Último Round

Más grandes que El Calorón Lagunero

En este lugar, El Sol es bien canijo. Aquí le dicen Solazo. Cada tarde, El Solazo se despide de La Comarca pero deja su calor como recordatorio de que va a volver, de que nunca se va aunque intenten darle la espalda, taparlo con un dedo, el dedo de la noche.Lo bautizaron como Calorón. Lo hundieron en una pila de agua bendita –agua y arsénico bendecidos juntos- y lo llamaron El Calorón Lagunero. Y desde entonces, algunos dicen que desde antes, todas las noches, se mete a las recámaras vacías, a las cocinas donde se calientan frijolitos refritos y tortillitas de harina Tor-Casa. Entra a las salas con la mesita de centro llena de polvo a pesar de la sacudida matutina, de los trapeadores peñoleros, entra hasta por los ductos grises del aire lavado, de la sacrosanta refrigeración, La Refrigeración.Hace unos años, yo lo vi, El Calorón Lagunero corría a la gente de sus casas. Como funcionario de banco que hacía un embargo, los sacaba a la banqueta con todo y muebles, con sus mecedoras de fierro y sus sillas de plástico. Hace unos años, yo lo vi, los laguneros tenían que estar de frente unos a otros bajo la luz amarillenta de arbotantes viejos. El Calorón Lagunero les embargaba, cada noche, las ganas de quedarse encerrados. En la calle, que era de todos, tenían que echarse el chal con el vecino. Echarse el chal es un decir porque aquí, la gente no se echa el chal literalmente. Con este calor, el chal se empolva en el clóset y lo que sí se echa la gente es un vasito de agua o de leche Lala y de vez en cuando una cerveza bien muerta, enfriada en hielo.Quienes tenían bebé, yo lo vi, le quitaban la camisita y los calcetincitos y el gorrito y la frazada y todo lo que tuviera empapado. Los pequeñitos sabían que estaban en La Laguna. Con el llanto, que es su idioma, exigían que los llevaran al aire libre aunque no fuera fresco. Entonces, rodaban las carriolas por en medio de la calle. Iba la familia por un raspado o una nieve de raspa, que es lo mismo. Ahí andaban, donde no llegaba la nieve Chepo ni el triciclo de las paletas Bip’s.Lagunero, no deje que el calor le agobie el día.Tampoco deje que las malas noticias le amarguen La Vida.Porque La Laguna es una: una antes de la ola de violencia de hace siete años y otra desde ese tiempo acá.Entonces, El Calorón Lagunero no fue suficiente para congregarnos en la banqueta. Fue más grande el miedo que nos daba la violencia. Por fin habíamos encontrado algo más grande que nuestro calor. Por eso dejamos de salir a la calle.Pero eso cambiará porque los laguneros somos más grandes que El Calorón y, por su puesto, somos más grandes que la violencia.


Sergio Gómez/@sergomezv