Último Round

La fe en la humanidad

Uno de mis vecinos mató a su hija. Yo estaba chiquito cuando supe por qué ya no íbamos a poder jugar con ella; por qué ya no debíamos ir a buscarla; por qué ya no la veríamos nunca.A ella le gustaba mi hermano grande y también le gustaba jugar encantados.

Ese juego en el que sales corriendo de la base y si te tocan, quedas como una estatua. Así, sin moverte hasta que alguien de tu equipo te rescate volviéndote a tocar.

Luego de la golpiza que le dio su papá; luego del ruidazo de las sirenas de las ambulancias y del ruidazo que hicieron las patrullas de los policías; luego de la persecución por toda la colonia y el bulevar; luego de las noticias en la televisión y en los periódicos, las vecinas decían que nuestra vecinita había quedado vegetal.

Así decían.Qué significa eso de que quedó vegetal, mamá. Que no se puede mover, mijo. Que nada más respira.

Ah, quedó vegetal, entonces.Yo ya sabía que nuestra amiga estaba muy diferente a una coliflor o muy diferente a cuando jugábamos encantados. Sabía que esta vez ni las manos de los doctores iban a poder rescatarla. Que nuestra compañerita de juegos así se iba a quedar, como encantada para siempre.Rezamos mucho por ella.

Yo recé en casa y en el colegio y cuando fui a misa en la iglesia. Recé mucho. Le pedí al Niño Dios que no se muriera pero no me hizo caso. Se murió. La mató su papá.Con menos de diez años, me di cuenta que los seres humanos tenemos el alma muy torcida. Como las narices de las brujas que salen en las películas.Conocer esa historia, sirvió como una preparación para darnos cuenta de otras cosas igual de tristes.

En clase, tendríamos que memorizar las fechas de guerras en las que personas como mi vecino mandaban a otras personas a convertirse en asesinos. Ya sea para apoderarse de un territorio o para conseguir que un país les venda petróleo baratísimo.Al conocer la violenta historia de la humanidad, con sus genocidios, guerras, violaciones, casos de explotación laboral, esclavitud, secuestro, tortura… aprenderíamos que hay muchos otros como mi vecino, ese que mató a su hija.

¿Será que la humanidad merece desaparecer?Mientras escribo esto, Blindy, una perrita que rescaté hace unos años, me ve y mueve la cola, emocionada. Qué extraño que todavía haya alguien que tiene fe en nosotros.

Esa debe ser una esperanza.

Sergio Gómez

twitter: @Sergomezv