Último Round

En aquella época del rocanrol

“Y ahí estábamos todos en un mismo lugar,
una generación perdida en el espacio,
sin tiempo para comenzar de nuevo”
–Don McLean
en la canción American pie

Caerá una lluvia dura, profetizó un joven Bob Dylan, ese que después le dijo No a ser la voz del descontento. Pero la negativa del genio de Minnesota, quien con los años se convertiría en Nobel de Literatura, sirvió de poco: el chamaco de 22 ya había dejado varios himnos para la mítica generación de los 60. Así que, cuando la fuerte lluvia de noviembre arreció sobre el presidente en turno, Dylan ya había balbuceado en sus conciertos que algo así pasaría.


Y guardó más ases bajo el mango de su guitarra antes de pasarse al lado eléctrico, lejos del folk y la protesta. Y al terminar 1963, atinó a cantar que los tiempos estaban cambiando. Claro, y lo estaban haciendo drásticamente: la lluvia cayó también sobre un activista islámico y sobre el hermano del difunto presidente. El boxeador más grande de todos los tiempos no pudo subir al escenario solo por negarse a viajar miles de kilómetros para matar vietnamitas que no le habían hecho nada. La lluvia dura cayó también sobre un hombre que tuvo un sueño y con el que Dylan compartió el escenario del Lincoln Memorial. Era 1968, un año aun más convulso: a falta del guerrillero argentino, estudiantes de todo el mundo hicieron que los adinerados se mordieran las uñas.


Y aunque en la bellísima American pie el neoyorquino Don McLean dibujó con pesimismo aquellos años, no cabe ni siquiera la duda astronómica que durante ese decenio el mundo dio mucho más de diez vueltas al sol. Muchas más.


En los 70, parecía que de nada había servido tanto puño en alto pero el tiempo se encargó de que esa idea pareciera absurda: en 2009, un negro dio un discurso cerca del Lincoln Memorial, pero ya no para hablar de los derechos de los afroamericanos sino para tomar protesta en el puesto de aquel hombre que fue asesinado en 1963, el día que la dura lluvia cayó en Dallas.


Corren años muy parecidos a aquellos de los 60. Puede ser que el cielo se desplome como en la canción de Bob Dylan y también puede que sea por el despertar de las personas. Es que los tiempos están cambiando, sí que están cambiando. Quizá, tengamos duda sobre la utilidad de mantener el puño en alto pero también podemos pensar que no seremos nosotros sino nuestros hijos o nietos quienes recojan los frutos de nuestras luchas, así como nosotros recogemos los frutos de las luchas de quienes vivieron en aquella época del rocanrol.


@sergomezv