Último Round

La culpa es de la clase media

La clase media es uno de los mejores inventos del hombre blanco: con sus casas de tres recámaras, dos coches, colegios particulares y aspiraciones burguesas que espantan cualquier idea verdaderamente revolucionaria.


En la segunda mitad del Siglo XIX, Karl Marx vaticinó una lucha de clases entre obreros y dueños de las fuerzas de producción. Cien años después, la clase media, que tiene primos lejanos riquísimos, se interpuso para hacer quedar mal al oráculo de Tréveris.


A todo esto ¿qué diablos es eso de la clase media, Señor Marx?


La clase media es de abolengo olvidado: guarda el retrato del abuelo, ese que perdió la mitad del rancho durante La Revolución y la otra mitad por mujeriego.


La clase media es orgullosa: si le va mal, ha de ser por sus propios méritos; si le va bien, también.


La clase media es soñadora: es el Godínez que jura que con un aumento de sueldo comprará un campo de golf particular, guaruras y jet privado. Es el tipo de espíritu emprendedor que planea cómo su changarro ocupará el lugar que dejó el Chapo en la lista de Forbes.


Aunque no es mayoría, la clase media es bastante variada. Hay familias de media-alta, media-media y media-baja, según su conveniencia: si el pariente les pide prestado, son de clase media-baja; en cambio, frente a los vecinos, son de media-alta.


Esa es la clase media, la que se queja pero no se mueve. Tiene el agua hasta el cuello pero no se ahoga. Vive en una zona de confort en la que no le caería mal el jet privado. En resumen, la clase media es la que compra el Melate.


El problema no es tanto que la clase media sea una válvula de escape para los conflictos sociales. Que sea la promesa más viable que tiene el proletariado de una vida mejor: de tener casa propia, de decirle adiós al transporte público, de poder ir al cine que está en aquel centro comercial donde los clasemedieros sacan fiada la ropa, a 12 meses sin intereses.


El gran problema es que la clase media, a pesar de que tiene los medios para gastar una buena parte de sus ingresos en educación y adquirir conocimiento (colegios, libros, acceso a internet…), evita solidarizarse con los pobres. Desconoce que, si las cosas siguen su curso, sus hijos ya no podrán pagar casas de tres recámaras, dos coches y colegios particulares.


@sergomezv