Último Round

Ni creas lo que dice esta columna

Debes cuidarte de nosotros los opinadores. No solo tú; la gente, en general, debe ponerse al tiro con los opinadores. Creemos saber de todo y, peor que eso, nos da por hablar de todo. Por ejemplo, en este momento, me dio por opinar de los opinadores porque, según yo, se me da el tema pero la neta, la neta, quién sabe.


¿Por qué debes cuidarte de nosotros? Para que no te la creas. Para que no tomes como verdad absoluta lo que sale de nuestras bocas parlanchinas o lo que teclean nuestros dedos hiperactivos de opinadores. Incluso, deberías estar dudando de lo que estoy opinando en este momento. Si existe un peligro para México, somos nosotros.


Entre los opinadores, por cierto, existen niveles de peligrosidad. Así es: los opinadores de los que más debes desconfiar es de aquellos que sabemos de bien a bien que mucha gente piensa que está informada cuando ve un noticiero o cuando ojea el periódico. Cuídate de los que sabemos eso y nos aprovechamos; lanzamos nuestras opiniones como si fuéramos una voz en el monte Sinaí o una nube densa pintada divinamente en el cielo sobre el profeta.


A veces, imagino que si a López Dóriga se le ocurre decir que los marcianos llegaron ya, la tercera parte de los espectadores se asomaría al cielo a ver si es cierto que son como Jaime Maussan nos platicó. No sé.


Yo, que tengo una chambita en varios noticieros de televisión, puedo apostar que estos programas no informan del todo. Incluso, muchas veces me quedo con más dudas que con las que entré al aire. Así es esto. Así debe ser, supongo.


Lo que más me alarma –porque como buen opinador, hay que ser alarmista- es que somos una plaga. Es culpa del féisbuc y del tuíter. Antes, eran contados quienes tenían algún foro. Ahora, en tiempos de las redes sociales, cualquiera que pueda colgarse del guay fay del vecino tiene una trinchera para activar la metralleta de sus opiniones. Yo, por ejemplo.


Por eso, de una hora a otra aparecen miles de opiniones en internet. Que si el matrimonio tradicional, que los derechos de los gais, que abajo los toreros, que arriba los toros, que si la legalización, que si la drogadicción… Entonces, en medio del conflicto ma-gisterial, en medio de los asesinatos de Nochixtlán, de repente, alguien dice que los maestros son unos güevones.


Mi opinión es muy diferente pero no me creas. Si alguien es más peligroso que nosotros los opinadores: es quien nos cree todo.


@sergomezv