Último Round

La breve historia del vecino que se lanzó para diputado

Si el vecino me saluda, lo sé en ese momento, es porque ya iniciaron las campañas políticas.


Hay quien conoce el calendario electoral por las noticias. Otros, porque se saben de memoria que cada tres o seis julios debe uno disfrazarse de buen ciudadano: ir a la casilla, tachar en la boleta la menos peor de las opciones y presumir con orgullo el pulgar entintado. Están también aquellos a los que les cae el veinte de que pronto habrá elecciones porque el bulevar, ese que recibe una manita de gato a propósito de los comicios, aparece tapizado con la cara de los candidatos.


Yo no soy de esos. La sonrisa fingida del vecino y el incómodo apretón de manos que me propina son el aviso interesado de que pronto tendré que engañarme nuevamente con aquel cuento de que vivo en un país democrático. Qué mentira tan grande; solo igualada por la publicidad del gobierno sobre los beneficios de las reformas y los parasiempre de mis ex.


Pasadas las votaciones, el vecino, ese que se ha lanzado más de una vez como candidato a diputado, vuelve a ser el mismo tipo desconsiderado y yo el ingenuo de siempre, ese que agita la palma de la mano de un lado a otro hasta que cae en la cuenta de que no habrá saludo de vuelta… hasta que comience la siguiente campaña.


Hace unos meses, a 50 metros de la casilla, me asaltaron. Digo, me asaltaron estas ideas. ¿Cómo votamos a este tipo de gente? ¿Cuántos frutsis, lonches y apretones de mano vale mi sufragio? ¿De qué calibre es la pistola que nos obliga a tachar su nombre en la boleta? ¿A qué vine aquí si ni siquiera decido por quién voy a votar?


Pensé en el vecino que saluda cada tres años. Luego me acordé que, gracias a la sobrepoblación, tengo más vecinos. Está, por ejemplo, ese que vivía masomenos a la misma distancia que el candidato mentado. El que cada que me lo topo me saluda de abrazo. Es la única persona que conozco que tiene un post doctorado y eso no es lo que más le admiro sino la simplicidad con la que ve la vida y su disposición a compartir tiempo y conocimientos.


Ahí, a 50 metros de la casilla, pensé en que todos deberíamos de votar por el vecino ejemplar. Si tan solo me hubiera aprendido su nombre completo. Pero no me acordé. Yo soy el vecino malo.


Total, todo este rollo es para decirles que la política debe ser un asunto de buenos vecinos.


@Sergomezv