Último Round

El Último Round de la Tuta

Allá, arriba, la detención de Servando Gómez Martínez, La Tuta, significará mucho: la caída de otro capo de los grandes, el más buscado; un triunfo de la administración del gobierno en la lucha contra el crimen organizado; incluso, un triunfo sobre los adversarios políticos, esos que no pudieron en el sexenio anterior.Acá, las cosas tomarán otras dimensiones. Llegarán desinfladas. Un anuncio más. Como otros que poco significan.Mientras, allá, arriba, irán administrando la información para que los medios tengan cuando menos una nota diaria; una prolongación del festejo en tiempos en los que hay poco qué celebrar.

Dirán que es una detención importantísima, que la coordinación de las fuerzas federales, que no se realizó un solo disparo. Los detalles serán la noticia: la reacción del capo al verse sorprendido, el meticuloso plan para acorralarlo, los bienes incautados…Acá, abajo, el monolito del hambre no cederá ni un milímetro.

En el Último Round del 1 de marzo de 2014, ante la captura del Chapo, escribí: “El lugar de Guzmán Loera lo ocupará un personaje de nombre extraño que, como el sinaloense, mueve sus dólares de un banco a otro, paga campañas políticas y compra armas a los mismos. Atraparon a Joaquín Archivaldo Guzmán Loera.

Nada más. La verdadera buena noticia sería que atraparan a los que lo atraparon”.Y en el Último Round del 16 de agosto de ese año, ante la inminente detención de La Tuta: “La captura del líder de los Caballeros Templarios es vista como un salvavidas para la administración de Peña Nieto.

Pero se equivocan quienes piensan que el hecho de que Servando Gómez Martínez pise la cárcel representará gran cosa para la imagen presidencial. Ya ven qué pasó con la captura del Chapo: nada”.Aquí, un fragmento de aquel Último Round del 27 de febrero de 2010: “Qué perra e injusta es la vida. Mientras unos pelean por unos votos, otros libran una lucha agotadora por vencer al hambre”.Así rematé esa, mi primera colaboración: “No cené, soltó Ángel, el taxista de sesenta años. Es que no completó para pagar la renta del carrito. Cuando quedó con un solo pasajero, se animó a confesar: Traigo un hambre… Y se llevó las manos al estómago. Como si acabara de recibir un gancho al hígado”.Gracias, lectores, por estos primeros cinco años.


Sergio Gómez/@sergomezv