Último Round

El Supermán que somos

En la introducción a la novela gráfica Kingdome Come de Mark Waid y Alex Ross, el escritor Elliot S. Maggin afirma: “si una persona de hace apenas cien años pudiera ver nuestras vidas, supondría que no somos mortales, sino dioses”.

En este ejercicio de imaginación, sostiene que el supuesto viajero del pasado: “se iría para atrás al ver lo que los más ordinarios de nosotros podemos hacer con un auto o un interruptor de iluminación o un cajero automático”.

En otro fragmento, escribe: “mira la manera en la que vivimos: viajamos por la Tierra a velocidades asombrosas con una facilidad inimaginable, nos comunicamos al instante y a voluntad con gente en los rincones más remotos del planeta, utilizamos ingeniería en las economías, aprovechamos las fuerzas de la naturaleza, hacemos maravillas”.

Maggin fantaseó con esto hace casi 20 años. ¿Habrá sido demasiado optimista? Quizá cambie de opinión al renovar el vistazo. Es que mira la manera en la que vivimos: pasamos la vida frente a la pantalla del teléfono móvil o de la computadora. Nos cuesta entablar una comunicación profunda con quienes tenemos a un lado. Resulta extraño ver a los ojos. La tecnología es el mejor pretexto para relacionarnos de manera superflua con los demás.

Difícilmente, alguien -aunque sea de mil años atrás- pueda vernos como dioses.

Dice Maggin que las historias de superhéroes no son historias acerca de dioses sino de la manera en que los humanos desearían y deberían ser. Quizá por ello, no hay historias en las que Batman pase día y noche encerrado en la Baticueva, buscando qué hay de nuevo en Netflix. Tampoco  hay historias en las que la Mujer Maravilla practica su mejor duck face para la selfie en Instagram. Hay que aceptarlo: la manera en la que gastamos gran parte del día tiene poco de heroico.           

Si no logramos que nuestros tatarabuelos nos puedan ver como dioses, hemos fracasado. Solo enderezando el rumbo conseguiremos aquello que Maggin imaginó: “si pudiéramos echar un vistazo a las vidas de la gente de la Tierra en futuras generaciones, seguramente pensaríamos que vemos el Olimpo. Y, por supuesto, una vez más nos equivocaríamos. Son nuestros hijos, nuestros nietos y nuestros sucesores quienes caminarán con seguridad por la Tierra como titanes en aquellos días, vistiendo nuestras propias características y defectos. Son nuestros mensajeros a ese resplandeciente futuro”.


Sergio Gómez

twitter: @sergomezv