Último Round

El Sol se pone en el Oriente

El mundo material es una máquina del tiempo defectuosa. Cada instante nuevo es un viaje brevísimo al futuro. El defecto de esta máquina del tiempo está en la imposibilidad de hacer el proceso a la inversa.En cambio, el mundo ideal –el de las ideas- nos lleva a cada rato a otro tiempo. Casi siempre, a aquel que no coincide con nuestra realidad material, el aquí y ahora, en el momento donde realmente nos encontramos.Cuando viajamos al pasado, decimos que nos ponemos nostálgicos mientras que al viajar a un “pasado” que no sucedió, decimos que nos ponemos melancólicos.La melancolía, entonces, es nuestra habilidad –o en su defecto, “nuestro defecto”- de viajar a “pasados” por los que jamás pasamos.Quizá, por eso la definición etimológica de melancolía: bilis negra. Dicho esto, procuremos que el viaje que emprendamos no sea nostálgico ni melancólico. Ni doloroso para el alma ni biliar y oscuro. Este viaje en el tiempo debe ser esperanzador.Ahora es tiempo de echar un vistazo al retrovisor con otra mirada. El marcador pasa sobre los tachones del calendario de pared; los va borrando. El sol se pone en Oriente. El viento frío vuelve al Norte.Aquí, vamos hacia atrás. No en sentido figurado. Hacia atrás hemos ido, realmente, en los últimos 30 años. Pero ahora no. Ahora, marchamos diferente.Es otro caminar: primero la punta de los pies, luego el talón. De espaldas. Los coches van de reversa. Los aviones se van tragando la estela de vapor que les precede. Los barcos van aquietando la mar, amansando las olas. Aquí vamos hacia atrás, les decía.La tinta va del papel a la pluma y la voz vuelve al pecho. Hablamos un idioma nuevo, como un palíndromo inconcluso. Hasta la escena más tonta va hacia atrás, se deshace: el árbitro se guarda la tarjeta. El jugador holandés se pone de pie de un salto. Abandona el área mexicana. Ya no es penal.Las otras cosas, las verdaderamente importantes, también van para atrás. El Procurador cada vez se nota más descansado. Las autoridades dicen muchas cosas y luego guardan silencio. Un largo silencio oficial luego de la rabia en las calles. La gente, el mar de gente, borra las mantas con consignas, se guarda el coraje y vuelve a su casa a intentar engañarse con eso de que andan bien las cosas.Los huesos se reconstruyen. Las columnas de humo –si es que hubo columnas de humo- se meten a los cadáveres. Aparece el fuego y desaparece. La carne dispara balas contra los rifles. Los cuerpos se ponen de pie. Regresan a las camionetas y después a los camiones, a las aulas, a los hogares.La piel y los ojos de Julio César van de vuelta al rostro. Sonríe. Pasa el tiempo hacia atrás y el calendario de pared dice que, como cada año, llegamos a enero.


Sergio Gómez


twitter: @sergomezv