Último Round

Nadie invita a salir a Jennifer Lawrence

Le decían La Diosa. Lo supe porque pregunté Cómo se llama y un compañero de la universidad contestó Quién sabe, nada más sé que así le dicen, La Diosa.

Entonces, devoto en ese instante de sus ojos miel, de su piel apiñonada, de su cabello virgen, de su cuerpo vestido con aquel uniforme de la prepa –la blusa ajustada, la pequeña falda a cuadros, las calcetas blancas, los zapatos escolares- pensé que no había en el mundo apodo más justo ni mujer más chula.

Ella era Susana San Juan; yo, el pequeño Pedrito Páramo. “A centenares de metros, encima de todas las nubes, más, mucho más allá de todo, estás escondida tú, Susana. Escondida en la inmensidad de Dios, detrás de su Divina Providencia, donde yo no puedo alcanzarte ni verte y adonde no llegan mis palabras”.

Sí, parecía inalcanzable pero, lo supe al poco tiempo, aquella diosa solamente estaba esperando que alguien se animara a sacarle plática.

Unos años después, La Diosa y yo cortamos.

Luego conocí a Daniela, la chica de los ojos grises o verdes o quizá gris verdoso o verde grisáceo. No sé. Por cerrar los míos al besarla, no puedo recordarlos.

Pero no importa. Lo que importa es que esa noche en la que huíamos a besos, en el pasillo solitario del antro, caí de nueva cuenta en lo inalcanzable que parecía meses atrás: con su fama de televisión local, con sus años más que los míos, con su belleza para portada de revista, con sus ojos tornasol. Yo que me dediqué a observar sus fotografías cientos de veces. Yo que me dediqué a admirarla antes de conocerla.

Era inalcanzable; sí, lo era

Recuerdo eso y aquello otro ahora que leo la nota Nadie invita a salir a Jennifer Lawrence.

Según la prensa rosa, nadie se anima a intentar seducir a la actriz  veinteañera. Ella está esperando que alguien la invite.

Es ahí cuando imagino a la súper estrella aburriéndose un sábado en la noche.

Sola, en algún departamento de lujo mientras miles de fanáticos, en el cine, donde van acompañados, sueñan que se toman una selfie con la heroína de la película.

Un día, alguien le va a perder el miedo a Jennifer Lawrence. A lo mejor, será un tipo que no vale la pena.

Entonces, pienso que así funciona la política, que la mayoría de la gente no se atreve a entrarle. De esa manera, a aquellos que buscan hacer negocio privado de los servicios públicos, les queda la vía libre. Ni hablar. 

¿Alguien que me pase el teléfono de Jennifer Lawrence?


Sergio Gómez/twitter: @sergomezv