Último Round

Miquimaus tendrá que esperar

Nos prometieron llevarnos a Disneylandia pero el nuevo peso mexicano –al que recién le habían arrebatado tres ceros- se iba a burlar de nosotros. Una broma bastante mala, por cierto.Con sueldo de maestro y ganancias menudas del negocito familiar, el mejor economista de la galaxia galáctica, Papá, logró la asombrosa hazaña de llenar el cochinito imaginario de la casa con unos cuantos cientos de pesos.

No muchos pero sí los suficientes como para llegar de gorrones con la parentela de Los Ángeles y comprar las entradas al parque de diversiones.

Pero una noche triste, al otro lado de la fría pantalla de televisión, Jacobo Zabludovsky tenía una mala noticia para Papá: México, otra vez, está experimentando la devaluación de su moneda.

Se les ocurría matar a un cardenal, a un secretario del partido y al candidato oficial. En Chiapas, indígenas armados pedían tierra y libertad. Los economistas del gobierno tomaban malas decisiones.

Y, mientras esto sucedía, las monedas se encogían dentro del cochinito imaginario de la casa.      

Les decía que ahí estaba Zabludovsky, diciendo lo de la devaluación de la moneda. En otras palabras: Estimado televidente, este año no podrá llevar a ninguno de sus chilpayates a Disneylandia. Tampoco al otro año ni al siguiente… De hecho, si el mentado Miquimaus todavía trae ganas de conocer a los Gómez Villarreal, tendrá que esperar; por lo menos, hasta que un billete de Jorgito Washington valga tres pesos, lo que costaba un dólar cuando mis papás empezaron a preparar las maletas rumbo a los Yunaites.

Los individuos desafortunados que nacimos en los 80 -como mis hermanos y yo- no conocemos otra situación económica que no sea la crisis: la devaluación de principios de la década, la inflación con De la Madrid, el error de diciembre, la crisis de 2008… Hay quienes aprendimos la tabla del tres haciendo conversiones dólar-peso.

Luego, aprendimos la tabla del nueve y la del 12 y la del 15. ¿Nos tendremos que aprender la tabla del 17?Guardo la sospecha que el día que le vaya bien al país –si es que nuestros ojos alcanzan a observar aquello alguna vez- nos vamos a sentir extraños, como fuera de México, como en el exilio, como en otro lado, como en Disneylandia, qué sé yo.


Sergio Gómez


twitter: @Sergomezv