Último Round

Mentira, NO fue el Estado

Ahí está, bajo un montón de tierra y una cruz volteando hacia donde se pone el sol. A los pies del Cristo cromado, el de la cruz de metro y medio, una placa del mismo color anuncia: “Aquí descansa Julio César Mondragón Fontes. Nació el 22 de junio de 1992. Falleció el 27 de septiembre de 2014 a la edad de 22 años. Rdo. de su esposa, hija y padrinos. D. E. P.”.La primera fecha inscrita en la placa dice poco para muchos. En cambio, la segunda fecha resulta bastante significativa: esa madrugada y la noche anterior, en Iguala, Guerrero, murieron otros dos normalistas y desaparecieron 43.Julio César era de los más entrones del grupo de estudiantes, por eso, a diferencia de sus otros dos compañeros cuyo asesinato fue confirmado, su cuerpo fue exhibido como trofeo: en lugar de la piel del rostro, tenía el cráneo expuesto y en lugar de ojos, las cuencas vacías.De niño, Julio César dormía sobre cartones, en el piso de tierra de su casa, una choza sin puertas, ubicada en Tecomatlán, comunidad de Tenanzingo, Estado de México. Ahí, sobre los cartones que le servían de cama, echó a volar su sueño de convertirse en maestro rural, como la mayoría de sus parientes.O maestro rural como Genaro Vázquez. O como Lucio Cabañas, quien inició su lucha armada tras una masacre ocurrida en una escuela rural. O quizá como ambos guerrilleros, que estudiaron en la normal de Ayotzinapa, donde Julio César decidió inscribirse en su segundo intento por estudiar la licenciatura. Quién sabe.Lo que sí sabemos es que el Estado, representado por las policías municipales de Iguala y Cocula, atacó a balazos a Julio César y a sus compañeros. Después, el cuerpo de “El Chilango”, como le decían en la normal, apareció desollado.¿Quién mató a Julio César? ¿Policías? ¿Integrantes de un grupo delictivo? Para este caso, importa poco. El origen de quienes se enlistan en la policía o en la mafia, son muy parecidos al de Julio César. Gente que en su infancia duerme sobre cartones, en el piso de tierra de chozas desperdigadas en zonas rurales o en los cinturones de miseria de la ciudad. Gente que, sobre esos cartones, o catres, o modestas camas… echa a volar los sueños, esos que casi nunca se cumplen.Lo de Ayotzinapa fue un crimen de Estado, sí pero ¿qué es el Estado?.. Los jóvenes que estudian en las normales rurales ven el concepto en el aula desde un enfoque marxista: el Estado es el instrumento de presión de las clases dominantes sobre las clases oprimidas. Lo de Ayotzinapa, lo de Guerrero, lo del norte de Coahuila, lo de la Comarca Lagunera, lo de Michoacán, lo de Nuevo Laredo, lo de Ciudad Juárez, lo de Culiacán… no es sino el resultado de una estructura económica que debió desaparecer hace mucho.No fue el Estado por sí solo, fue algo más perverso: el sistema de opresión, ese que inventó al Estado tal cual lo conocemos.

Sergio Gómez


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