Último Round

Jesús, un peligro para Judea

Desde chamaco, sentí empatía por los afganos comunistas, esos que, como en película de los Almada Brothers, encontraban una muerte de lo más escandalosa. La bocina del televisor retumbaba ¡Ratatatata! Y saltaba al precipicio aquel hombre con pinta de terrorista mientras yo pensaba que se trataba de una especie de niño héroe musulmán, un mártir del islam que caía vertiginosamente al precipicio de la gloria. Corte. La escena continúa con Sylvester Stallone despachándose a otros 436 aliados de los rusos con una de las armas más letales que ha inventado la retorcida mente humana (solo después del cigarrillo): la metralleta de John Rambo.


Jamás he dejado de preguntarme ¿cómo es que semejante máquina de matar puede ser el héroe del filme? Además, me sigo compadeciendo de sus víctimas ¿qué pecado habrá cometido aquel fulano para que Alá lo castigara con una intervención tan efímera en la película? Ve tú a saber.


La gran enseñanza que Stallone ha dejado a Occidente es que los marxistas son unos villanazos, incluidos los boxeadores rusos de tres metros de altura con cara de Vladimir Putin en medio de un desfile gay (sufra viendo Rocky IV).


El caso es que Hollywood fracasó en el intento de hacerme odiar a los antagonistas de sus libretos. Salvo esos desgraciados nazis que querían convertir en jabón al encantador niño con el pijama a rayas o los imbéciles que intentaron borrarle la sonrisa sincera al siempre optimista Roberto Benigni en La vida es bella.


Pero eso es cine: los meros meros malos de esta película llamada vida son banqueros, industriales de las armas, petroleros, dueños de farmacéuticas… tipos cuyos nombres aparecen poco en la mentada pantalla grande (salvo en excepciones magníficas como en la última película de Stanley Kubrick, Eyes wide shut).


Los que no se alinean: los sadames, gadafis, mursis, ahmadineyades, bashares al assades; los fideles, allendes, chávez, evos, rafaeles correa; los julianes assange, bradleys, snowdens… están condenados al antagónico (vea South of the border, de Oliver Stone).


En aquel tiempo, me refiero a hace dos mil años, Jesús era un peligro para Judea (era el villano, pues). Pero la historia está escrita por los que ganan (la ventaja es que también la escribimos los periodistas aunque no ganemos mucho).


Me despido (voy a ver una de Woody Allen, para que no digan que soy antisemita).


@sergomezv