Último Round

Homilía de las ganas de vivir

“Lázaro, levántate y anda.

Ponte el apellido,

 vuelve del olvido,

 engánchate a la oferta y la demanda”


-Joaquín Sabina-



Dicen que el muerto y el arrimado a los tres días apestan. Jesús debió saber algo de esto porque al tercer día le dio por resucitar, según las escrituras.Cuentan que aquel sábado de gloria, el primero en la historia del mundo, cuando María Magdalena y la otra María se asomaron al sepulcro, ya no había muertos y sí bastante arrimados que andaban ahí para ver el milagro.Lo de resucitar era un viejo truco para Jesús: antes de morir y volver a la vida, resucitó a la hija de un tal Jairo, al hijo de una viuda y al hijo de una tía suya, el mentado Lázaro.

Gracias al cristianismo, la fe en las segundas oportunidades se disparó entre la humanidad porque el viacrucis nos hizo creer en terceras caídas y, por consecuente, en que hay varias chances para levantarnos. Además, creemos en que podemos ser perdonados 490 veces, o setenta veces siete, si los números no fallan.

Creemos que a pesar del pasado, siempre es momento para reivindicarse, no importa que se trate de un cobrador de impuestos o de una persona que niega a su amigo mientras este sufre una tortura. No importa tampoco que se trate de una adúltera. El evangelio es la buena nueva de las segundas oportunidades.

Lo es por las caídas de la pasión, el perdón constante y, sobre todo, la resurrección.Ahora, la idea de resucitar es una constante: resucita quien se baña con zest según la musiquilla pegajosa de aquel comercial noventero, esa que dice que el jabón te vuelve a la vida. Resucita quien, después de una borrachera, se echa un coctel para la cruda conocido como vuelve a la vida. Quien también resucita es el actor que regresa a la pantalla. Michael Keaton, por ejemplo, resucitó por obra y gracia de Alejandro González Iñárritu. Resucita quien se dio un tiro con la muerte y salió ganón: un accidentado, un secuestrado, un paciente de cáncer… Resucita un descreído que encuentra a Dios.

Resucita un adicto rehabilitado. Resucita un condenado a muerte que es indultado.Entre tanta resurrección afirmamos que también puede resucitar un país, una nación, un pueblo que enfrenta la crisis. Hoy, la descripción que hace Juan Rulfo de uno de sus personajes puede dar aliento a México: “Ahora que sabía bien a bien que lo iban a matar, le habían entrado unas ganas tan grandes de vivir como sólo las puede sentir un recién resucitado”.A vivir, pues, que es la mejor forma de resucitar.


Sergio Gómez/@sergomezv