Último Round

Gracias, Paco

De nuevo me hizo llorar. Paco, diploma entre manos, birrete y toga encima, se acercó a saludarme. Eso bastó para que la voz me saliera en pedacitos cuando lo quise felicitar.No me gusta que me vean llorar. No me gusta que me vean llorar mis alumnos.

No me gusta que me vean llorar mis alumnos por cosas tan simples. Pero no tenía dónde esconderme para chillar a gusto.Se supone que algún día, los estudiantes se tienen que graduar.

Aunque en este país no es algo tan común, yo no espero menos de ellos. Incluso de Paco.Escribí sobre Paco por primera vez porque, cuando me estrenaba como maestro y él como estudiante en la preparatoria, reprobó mi materia por andar de ratero.

La historia que me contó, aun hinchado por los golpes, es que los malandros lo agarraron y, como escarmiento por andar asaltando a taxistas, lo tablearon.

En fin, cuando leyó esa columna me pidió que escribiera de nuevo sobre él. Le puse una condición: ansioso de leer su historia otra vez en el periódico, se sacó tres dieces de tres. Cuando le mostré el nuevo texto, quedé en escribir una tercera columna donde fuera el protagonista.

Hoy que lo vi con su diploma entre manos, birrete y toga encima, supe que era el momento.

Les decía que Paco me hizo llorar. Les decía que lloré al recordar que la reivindicación social no es un cuento fantástico. Que un profesor puede cambiar el mundo aunque sea un poquito.Cada alumno tiene una historia que nos deja una enseñanza.

Hoy que en la ceremonia de graduación, los profesores dábamos el último pase de lista, me vino esa idea a la mente.Mientras mis ex alumnos desfilaban por el escenario, los vi uno a uno y recordé sus historias: la de Paco, el muchacho luchón; la de Omar, el que terminó ena-morado de los poemas de Benedetti; la de Yanira, excelente oradora; la de Flores, el seriecito que lee libros sobre narcos.

Recordé la historia de Soto, el geniecillo de las matemáticas con mala ortografía; la de Yazmín, que saqué 80 veces por platicona; la de Alejandro, el que, para no leer, decía que en el ejido donde vive, no hay bibliotecas; la historia de Salvador…Espero que el gobierno entienda que no hay mejor evaluación que un alumno agradeciéndole al profesor.

No hay exámenes que puedan medir este acto de amor que significa la docencia.

Ya es hora de salida, chicos, se acabó la clase.La verdad, es que no quiero que me vean llorando aunque sea de alegría.

Sergio Gómez


twitter: @Sergomezv