Último Round

Clases de terrorismo con Chaplin

El negocio es bastante sencillo: se requiere solo un cómplice; alguien rompe los vidrios y la otra persona, oportunamente, ofrece repararlos.

En este caso, la pequeña empresa es integrada por un chico travieso y un hombrecillo que lleva a cuestas, no solo al menor, sino el material de trabajo para arreglar la ventana.

Las imágenes, en blanco y negro, retratan cómo funciona el business: el niño tira a dar y da con el blanco. La señora de la ventana se las ve negras con el vidrio roto. Eso sí, no ve al chamaco que lanza las piedras. En cambio, ve que pasa el tipo que repara ventanas. Entonces, el pequeño hombre, en lugar de pasar de largo, pasa inmediatamente a ser contratado. Un negociazo.

Traigo a colación esta escena en el filme The Kid (Chaplin 1921) porque este modus operandi es bastante útil para entender cómo funciona el negocio del terrorismo: se requiere solo un cómplice; alguien detona una bomba y la otra parte, oportunamente, ofrece acabar con el terror.

En este caso, la enorme empresa es integrada por un grupo de extremistas de Medio Oriente y una o varias potencias mundiales, que llevan a cuestas, no solo a los radicales sino el arsenal necesario para invadir algún país.

Así funciona el mundo. Y digo el mundo porque no solo se trata de terrorismo sino de la reactivación de la economía a través de la guerra. Y es que en los conflictos bélicos es donde se repite el esquema que Chaplin retrató con otros propósitos: se requiere un dictador o terroristas; ante la amenaza, las grandes economías se apuntan para llevar democracia o tranquilidad al país petrolero. Pero no solo se trata de adueñarse del petróleo sino también de ganar contratos: desde la alimentación de las tropas hasta la reconstrucción de las ciudades que quedan devastadas tras los bombardeos.

Quienes crean que se trata de una teoría “conspiracionista” revisen el currículum de Dick Cheney (Secretario de Defensa con Bush Padre, Presidente Ejecutivo de Halliburton, Vicepresidente con Bush Hijo…). Luego, revisen los contratos que Halliburton ha obtenido tras la guerra de Estados Unidos contra Irak.

Hablo de este tema porque, en una semana, tan solo en la capital iraquí y sus inmediaciones más de 300 personas han perdido la vida en dos atentados.

Lo triste es que, mientras que en la película de Chaplin un policía frustraba el negocio, en la vida real no hay quién impida que esta masacre continúe. ¿Cómo va a ser esto posible si las grandes potencias son la policía del mundo?


Sergio Gómez/@sergomezv