Último Round

Chaplin, El Che y Jesús: los migrantes

Transporta también ganado y, por su puesto, a ellos, los migrantes. Cairona es el nombre del barco: “Catorce jóvenes, entre ellos dos muchachas, van en él en busca de la gran aventura de su vida, en busca de la gloria y la fortuna, a la fabulosa Norteamérica”.


Manuel Villegas López, en la biografía que hará de Charles Chaplitn, recordará la sentencia que el comediante londinense, tripulante del Cairona, profiere este momento en el que aparece Nueva York en el horizonte: “¡cuidado, América, vengo a conquistarte!”.


Siete años después, en 1917 durante la filmación de su penúltima obra para la compañía Mutual y con América conquistada, Chaplin recreará parte de aquel primer encuentro con los Estados Unidos: la imagen de la mirada del personaje llamado Charlot se contrapone a la de la imponente Estatua de la Libertad. El gesto del vagabundo son las líneas pronunciadas por su creador: “vengo a conquistarte”.


Las escenas, la de Chaplin y la de Charlot, la real y la cinematográfica, representan la esperanza. Como aquella en la que 82 tripulantes del Granma van cargados de sueños. Madrugada del 25 de noviembre de 1956: “el Granma va bailando sobre las olas, sometido a las inclemencias del norte que azota el Golfo”, escribirá Paco Ignacio Taibo II en la biografía que hará del Che, otro migrante.


Mientras estos 82 hombres sueñan, sobre un yatecito, con una Cuba libre: “Los esperan alertados por traidores y soplones más de 35 mil hombres en armas incluyendo a la policía, un ejército dotado con tanques, 10 navíos de guerra, 15 guardacostas y 78 aviones de combate y transporte”.


Lo que sigue, tanto para Chaplin como para El Che, es historia. Como lo es para algunos aquella escrita por Mateo sobre una familia de migrantes. Un ángel aparece en los sueños de José. El rey quiere matar a su hijo: “José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre y se retiró a Egipto”.


Todos somos migrantes: los carpinteros nazarenos, los médicos de Rosario, los vagabundos londinenses, los futbolistas brasileños, los escritores colombianos, los mexicanos que se empapan en el río Bravo, los hondureños que trepan al tren apodado La Bestia…


Por nosotros, pues, debemos exigir reformas migratorias. Especialmente, en aquel país que llamó Chaplin: “la tierra de la libertad”. Lo llamó así, precisamente en El Inmigrante, 35 años antes de que lo expulsaran de Estados Unidos.


@Sergomezv