Último Round

Carta a un señor empresario

Muy estimado señor empresario, esta es más una súplica que una carta, un ruego que hacemos desde acá, la tierra del desempleo.
Instale aquí su compañía. Verá que le conviene. La gente de estos lugares cobra una nada. Conozco a unos guardias de seguridad que por 80 pesitos trabajan 12 horotas al día. Y eso no es nada. Hay licenciados que con todo y todo ganan menos de seis mil al mes. Menos de seis mil al mes. Verdad de dios. Apenas acabalan. Viven con el temor de ser despedidos. En sus casas de renta. Con sus coches que todavía deben.
Con tanta deuda, quién menosprecia la chamba. Al contrario. Por eso casi ni nos quejamos. Ya ve. La necesidad.


La neta es que nos gustaría ser más exigentes. Vivir como políticos o como empresarios, que es lo mismo. Dicen que la función pública es un negocio privado.


Nos encantaría cobrar sueldazos de lujo o, mínimo, tener seguro social e infonavit. También sería bueno manifestarnos para bajarle horas a la jornada, que sean seis en lugar de ocho. Pero ya ve que aquí ni siquiera hay jale. Ni modo de ponernos nuestros moños. Esto no es Francia ni Venezuela. Es México, señor.


Las maquilas se fueron. Unas a China y otras a quién sabe dónde. El caso es que se fueron. Quesque allá cobraban menos. A mí me cuesta imaginar que haya quien cobre menos que uno. Pero sé que usted sí tiene un montón de imaginación. Por eso está en donde está. Por eso y porque así lo quiso dios, que también quiso vernos a nosotros así, como nos vemos ahora. Solo dios entiende a dios. Pero ya me estoy saliendo del tema, usted ha de disculparme. Traigo hambre.


Si le escribo, señor, es para que sepa que las cosas han cambiado por estos rumbos, que luego de tanto tiempo sin chamba nuestras expectativas, digamos, se ajustaron. Podemos llegar a un arreglo. Qué le parece que cobremos lo que cobran esos chinos robachambas.
Por los sindicatos no se apure. Las autoridades se encargan del asunto. Compran, exilian o meten al bote a los cabecillas que salgan respondones.


Con todo respeto, no vaya a ofenderse, el gobierno es bien alivianado con ustedes. Y a nosotros, se lo juro, nos vale gorro si tenemos que pagar los impuestos que luego a ustedes como empresarios les condonan. Lo importante es que nos den chamba. Que nos permitan hacerlos millonarios.


Así tiene que ser. Ni modo de pedirle al gobierno que piense en nosotros. Ni modo que los dueños de las compañías se quiten el pan de la boca para darnos algo. Ni modo de luchar por nuestros derechos laborales. Ni modo de pensar que otro mundo es posible.
El hambre hace adelgazar a los sueños.


Mi sueño es que usted nos salve, por caridad, señor empresario.


@sergomezv/sergio.gomez@milenio.com