Último Round

Ayotzinapa: los verdaderos culpables

José Luis Abarca Velázquez llegó al poder gracias a un sistema que llamamos democrático, conformado por partidos, institutos electorales, tribunales…Abarca fue elegido por la mayoría de gente que acudió a votar ese domingo 1 de julio de 2012. La sagrada mayoría: 21 mil 546 personas cruzaron el nombre de Abarca en la boleta; cerca del 40 por ciento de los sufragios emitidos.Así es la democracia, o lo que llamamos democracia. Así funciona el sistema, este que, para deslindarse, pretende hacer de Abarca y de su esposa los grandes culpables por lo sucedido aquella noche del 26 de septiembre de 2014. Como si no hubieran existido omisiones graves por parte de más autoridades.Sí, Abarca ordenó el ataque pero en una ciudad como Iguala –con menos de 120 mil habitantes y presencia de corporaciones de seguridad de todos los órdenes de gobierno- resulta inaceptable que los municipales hayan actuado en completa libertad.De acuerdo a las declaraciones de los normalistas, fueron dos ataques: entre uno y otro hubo el tiempo suficiente como para que llegaran más estudiantes en apoyo a sus compañeros. Incluso, algunos reporteros arribaron antes del segundo atentado. Pero los estatales, federales y soldados no tenían tanta prisa.Terminada la balacera, la Policía Estatal levantaba evidencias y tomaba muestras de ADN en el lugar donde quedaron abandonados los autobuses; en otro sitio, la Policía Federal auxiliaba a los jugadores de los Avispones heridos; en el hospital, el Ejército fotografiaba a los estudiantes que habían sobrevivido. Les pedía sus datos.Mientras, de acuerdo a la versión oficial, los municipales entregaban a 43 normalistas al grupo delictivo Guerreros Unidos. Los llevaban al matadero.Lo demás no es sino un conjunto de detalles: los quemaron, trituraron los restos, los aventaron al río; a los Abarca los encontraron en Iztapalapa, los protegió la hija de un contratista del gobierno del DF; Aguirre apoyó a Abarca… Datos para el anecdotario, información que solo sirve para distraer la atención de lo verdaderamente importante: los culpables.¿Quiénes? Nosotros que votamos a José Luis Abarca Velázquez, a Ángel Heladio Aguirre Rivero, a Enrique Peña Nieto. Nosotros que los encumbramos y, que cuando hubo otros desaparecidos –por ejemplo, los mil 622 de Coahuila- no dijimos nada. Aquí, precisamente, está la clave del funcionamiento de este sistema podrido que insistimos en llamar democrático. Nuestra pasividad lo alimenta, por eso somos culpables.


Sergio Gómez@sergomez