Último Round

Que Ayotzinapa no nos haga olvidar Tlatlaya

La desaparición de 43 normalistas en Guerrero fue un alivio para el Ejército y el gobierno del Estado de México.Días antes de que la Policía de Iguala atacara, asesinara y levantara a los estudiantes, la agencia AP y la revista Esquire habían expuesto que la versión oficial sobre la muerte de 22 personas en el Estado de México durante un enfrentamiento entre delincuentes y soldados se trataba de una mentira.La escena del crimen y el testimonio de una sobreviviente sirvieron como fuente a los medios extranjeros para informar que los delincuentes se habían rendido ante los elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional; había sido un fusilamiento, no un combate como lo dio a conocer la dependencia: “Las personas abrieron fuego en contra de las tropas, quienes repelieron la agresión”, aun reza un mensaje publicado en la cuenta de Twitter de la Sedena el mismo 30 de junio.No solamente la dependencia federal había mentido. Como respuesta a una nota de AP del 8 de julio en la que cuestionaba la versión del Ejército, la Procuraduría General de Justicia del Estado de México aseguró en un comunicado del 15 de julio que, en Tlatlaya, no había evidencia de disparos a corta distancia; que la trayectoria de las balas y la posición de los cadáveres hacía pensar que fueron abatidos; que la prueba de balística indicaba que los 22 utilizaron sus armas. Una mentira.Eruviel Ávila ya se había sumado al fraude: “el Ejército mexicano, allá en Tlatlaya, tuvo una valiente presencia y acción”, dijo el 1 de julio, apenas un día después de los hechos: “el ejército en su legítima defensa actuó y abatió a los delincuentes”.Sin embargo, una vez que los medios ejercieron presión, la investigación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos concluye que, posteriormente, autoridades del Estado de México torturaron a los testigos con el objetivo de encubrir las acciones militares. Además, señalan al Ejército como responsable del fusilamiento de 15 de los 22. Por su parte, la PGR acusa a tres militares de participar en la ejecución sumaria. La CNDH asegura que fueron siete.La justicia mexicana deberá tomar en cuenta que el trabajo de los militares consiste en seguir órdenes. Que caigan quienes dieron las órdenes.Cuando desaparecieron 43 normalistas y otros tres fueron asesinados, los ojos de la nación voltearon al caso Ayotzinapa. Un alivio para el Ejército y para el gobierno del Estado de México. La brutalidad de la Policía en Guerrero ayudó a distraer la atención sobre la brutalidad de los soldados y de los agentes ministeriales en el Estado de México.Debemos recordar Ayotzinapa, sí, pero sin olvidar lo sucedido en Tlatlaya.


Sergio Gómez


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