Último Round

Amigos míos, les contaré una historia

Del ancho de ese arbolote, así le gustan a mi compadre Antonio, dice Fidel. Lupe tampoco perdona; señala un roble enorme, el que presta su sombra a los tres cardencheros: “así, con la espaldota de ese vuelo”, suelta la voz de arrastre.

Ambos, comentan que en gustos de mujeres, Antonio Valles Luna, el más viejo de los Cardencheros de Sapioriz, es un caso. La voz contra alta de Fidel se convierte en carcajada. La risa es la que cala, reza el dicho, inclusive más que la carrilla. Pero entre cuates no pasa nada, hay que aguantar.

Pregúntenle a Antonio: “cómo son exagerados”, dice con una sonrisilla. Se chivea; otorga.Los tres: Fidel Elizalde García, Guadalupe Salazar Vázquez y Antonio matan el tiempo en la Alameda de Torreón. Pasean con sus cocacolas medio vacías, sombreros color hueso y un calor que parecen dos.

Esperan mientras su amigo, Nacho Cárdenas, les deja libre el escenario.

Antes de bajar con la guitarra en manos, el cantautor los presentará como Dios manda. Al final de cuentas, son el plato fuerte del pequeño concierto en el que hay un montón de chavos, público al que prefieren los Cardencheros.Minutos atrás, camino a la ciudad, además de albures, los hombres contaron la historia en la que Fidel sonsacó a Antonio para ir a León Guzmán y ver el beisbol.Antes, llegó montado en su bicicleta azul para invitar a Lupe, quien daba una entrevista. Total, se fueron Fidel, quien lleva 11 años sin tomar una copa, y Antonio, quien amaneció con una cruda marca diablo.

Rendido en un sillón de su casa esa mañana de mayo, el hijo del legendario cardenchero Gabriel Valles, confesó que se las tomó muy frías y además, que Fidel y Lupe son sus cuates de verdad: “siempre hemos sido amigos, a veces en la parranda, en la cantada y en el trabajo.

Hemos andado muchísimo. Pura amistad güena”.Su canción de cardenche preferida es una que dice: “Amigos míos, les contaré una historia que me pasó, ay, de tanto navegar”.

Como si la primera fundamental se la cantara a sus otros dos compañeros. De paseo por la Alameda, antes de saltar al escenario, alguien los reconoce. Además de tres grandes amigos, son los Cardenche Stars de Sapioriz y se deben a su público y a la desmemoria.

(Fragmento del libro Guadalupe Salazar: Cardenche Star de Sapioriz del autor de esta columna)


Sergio Gómez/@sergomezv