Voces Ibero

La vejez: el último embarazo

Según el último reporte de la OMS, en México la esperanza de vida promedio es de 76.7 años y la esperanza de vida saludable es de 67.4 años. Esos datos indican que en general, los últimos diez años de vida de cada uno de nosotros (si es que llegamos a la vejez, claro) estarán eclipsados por limitantes en nuestra salud.

Por otra parte, según la información obtenida del INEGI, actualmente uno de cada diez mexicanos tiene 60 años o más, reflejo fiel de cómo es que la pirámide poblacional va engrosando en los rangos de edad más elevados.

Esta estadística refleja  la probabilidad cada vez mayor de que una buena proporción de mexicanos tengamos cerca a algún familiar de edad avanzada; es por ello que la necesidad de sensibilizarnos, tener una mayor conciencia, mayor aprendizaje y respeto  por todo lo que implica la vejez debe ser un renglón de atención permanente.

Más allá de los aspectos puntuales y/o técnicos necesarios para la atención de las personas de la tercera edad, quiero aprovechar la coincidencia con un pequeño escrito que me llegó hace unos días, un texto del brasileño Fabrício Carpinejar, poeta, cronista y periodista contemporáneo; transcribo un fragmento pero se puede encontrar fácilmente en internet.

“Hay una ruptura en la historia de la familia, donde las edades se acumulan y se superponen y el orden natural no tiene sentido: es cuando el hijo se convierte en el padre de su padre. Es cuando el padre se hace mayor y comienza a trotar como si estuviera dentro de la niebla.

Es cuando uno de los padres que te tomó con fuerza de la mano cuando eras pequeño ya no quiere estar solo. Es cuando el padre, una vez firme e insuperable, se debilita y toma aliento dos veces antes de levantarse de su lugar. (…) Y nosotros, como hijos, no haremos otra cosa sino aceptar que somos responsables de esa vida. 

Aquella vida que nos engendró depende de nuestra vida para morir en paz. Todo hijo es el padre de la muerte de su padre. Tal vez la vejez del padre y de la madre es curiosamente el último embarazo.

Nuestra última enseñanza. Una oportunidad para devolver los cuidados y el amor que nos han dado por décadas. (…) Feliz el hijo que es el padre de su padre antes de su muerte, y pobre del hijo que aparece sólo en el funeral y no se despide un poco cada día…”